El protocolo como expresión.

Los eventos son oficiados a través de diferentes ceremonias que deberían observar normas establecidas de protocolo

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El protocolo como expresión.

En nuestro país diariamente se realizan muchos actos oficiales distribuidos a lo largo de todo el año. Estos eventos son oficiados a través de diferentes ceremonias que deberían observar normas establecidas de protocolo. Sin embargo, en la práctica, se observa la ausencia u olvido de éstas y del ceremonial correspondiente.

Si bien conceptualmente existe una diferenciación entre actos públicos y privados, ya que sus objetivos y características son diferentes, no se debe olvidar que las normas y procedimientos protocolares son genéricos y aplicables a cualquier tipo de actividad.

Los actos públicos tienen como protagonistas a las principales autoridades locales, departamentales, nacionales y representaciones diplomáticas, como por ejemplo las que se realizan en ocasión de conmemorar el aniversario patrio o la efeméride departamental; en cambio, los eventos privados responden a su propia organización interna, y son acontecimientos especiales que están determinados por espacios particulares.

Dentro de este contexto, lo importante es poner en práctica las normas y reglas de comportamiento establecidas por el protocolo, -que se entiende como: "el conjunto de reglas de cortesía que se suceden en cualquier acto dotado de cierta solemnidad". Por tanto, las acciones y conductas que se deben seguir en las ceremonias están previamente establecidas por estos lineamientos, restando solamente su adecuada aplicación.

Así, entre estos lineamientos destaca el lugar que debe ocupar cada persona participante en dichos actos, reconocido también como el orden de precedencia. En el país, este ordenamiento ha estado regido por Ley, sin embargo, a partir de la implantación de las autonomías y el nuevo orden en la administración pública, se observa la emergencia de nuevos actores cuyo espacio debe ser reconocido en el orden de precedencia de las actividades protocolares del municipio, región, departamento o país. En esta circunstancia, lo que corresponde es realizar una debida interpretación del ceremonial y protocolo de Estado para adecuar la posición de estos nuevos actores y ubicarlos en el lugar que les corresponde.

Cabe resaltar que la importancia de la correcta aplicación de las normas protocolares, principalmente en actos públicos, no radica solamente en su cumplimiento para satisfacción de las autoridades, sino en lo relevante que resulta a la hora de comunicar a la comunidad el lugar que ocupan las autoridades que los representan y la importancia que tienen en razón de sus responsabilidades. Por tradición y protocolo, se conoce que mayor jerarquía ejerce la persona que se encuentra en la parte central de una formación, desfile o acto, lo que facilita una rápida identificación o reconocimiento de la misma.

La verdadera importancia radica en el cumplimiento de las normas protocolares, ya que cuando se transgrede la reglamentación del ceremonial, como se ha podido observar en algunos actos protocolares locales, se genera confusión, desinformación y reacciones negativas respecto al propósito del acto mismo y de la presencia de las distintas autoridades y personalidades.

 

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