Entrevista a Julio Carbajo González. Inauguraciones olímpicas.

¿Qué importancia tiene el protocolo en España?

La Nueva España.

 

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"Barcelona-92 fue la que dotó de protagonismo a las ceremonias inaugurales".

"Seguro que el Rey desarmó a Chávez en Mallorca con el regalo de la camiseta".

Julio Carbajo González, Codirector de los cursos de protocolo de la Universidad de Oviedo.

¿Qué importancia tiene el protocolo en España? ¿Cómo se organizan celebraciones de la talla de la pasada ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín? Julio Carbajo González, codirector de los cursos de protocolo de la Universidad de Oviedo, responde, a continuación, a estas cuestiones. Carbajo, a su vez, es director del curso que se celebra desde ayer en La Granda (Gozón) con el título «La organización de actos conmemorativos, aniversarios y efemérides».

¿Qué le pareció la pasada ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos? ¿La calificaría como la más espectacular?

- Este tipo de ceremonias es de tan alto nivel que todo ha de funcionar al milímetro. Además, hay que tener en cuenta que no sólo hay muchísimo público, sino que dentro de él se encuentra un grupo de personas muy peculiar, que son los representantes de todos los estados. Si ya el hecho de que un par de ministros o un miembro de la Familia Real genera nerviosismo, pues ¡imagine! Se generan todavía mayores preocupaciones que hay que tomar más en consideración como, por ejemplo, la seguridad. La ceremonia fue impresionante desde todos los puntos de vista; no sólo el espectáculo, sino también la cobertura televisiva, la sincronización de medios, etcétera.

Y en comparación con otras inauguraciones olímpicas, ¿qué ha supuesto la de Pekín?

- En realidad, fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona-92 los que marcaron un hito en las inauguraciones. Con ella se acentuó la importancia de la ceremonia inaugural, más allá del éxito de los Juegos en lo deportivo. Barcelona dotó de protagonismo a ese aspecto y así ha evolucionado hasta ahora con mayor impacto visual. Es cierto que la técnica cada vez avanza más y, quizá por ello, los últimos son siempre los que más sorprenden. En este caso China ha hecho una gran propaganda de su historia y de su cultura, y eso implica muchas cosas social y políticamente. No sólo da una imagen de país desarrollado, moderno y abierto al mundo, sino que, al mismo tiempo, implica que se olviden otras cosas.

¿Es el protocolo una cuestión anticuada? ¿Se tiene un poco olvidado?

- No. Cada vez se cuidan más las cuestiones protocolarias. En último término es un instrumento para la correcta organización de un acto. Ahora se preocupan más por el aspecto, para que los invitados se encuentren a gusto. Es decir, no es una cuestión que pase de moda. Además, se está viendo un poco como instrumento vinculado a la comunicación o a la proyección pública de la institución que organiza algo, lo que implica que esa repercusión mediática sea un reflejo de la buena imagen de una entidad o institución, ya sea pública o privada.

¿Qué novedades hay a nivel legislativo?

- En España todo está regulado jurídicamente en lo que se refiere al protocolo de Estado; sin embargo, también hay gran profusión de normas autonómicas, que muchas veces no coinciden entre las distintas comunidades autónomas; por ello se plantean problemas de organización entre normativas.

¿Un ejemplo?

- Pues, podríamos considerar que hay confrontación entre el real decreto sobre precedencias -que regula la colocación de autoridades- y las disposiciones autonómicas. Elegir entre uno u otro a veces origina problemas. Las autonómicas, en alguna ocasión, contemplan a autoridades estatales, y no pueden hacerlo.

¿Se solucionó de acuerdo con el protocolo el «enfrentamiento» entre el Rey y Chávez?

- Las normas contemplan muchas cuestiones protocolarias sobre la Familia Real, sobre su tratamiento, títulos y honores que merecen. Pero más allá de eso no hay nada. Se trata de los usos habituales de dos cabezas de países como son ambos. El Rey tiene mucho mundo y mucha mano izquierda e, independientemente de lo acertado o no de su famosa intervención, seguro que desarmó a Chávez en Mallorca con lo de la camiseta.