Juegos de sociedad. I.

Los naipes tienen existencia legal, engordan el tesoro público, ocupan brazos en su fabricación y el placer de los unos se convierte en fuente de trabajo para los otros.

El nuevo Galateo. Tratado completo de cortesanía en todas las circunstancias de la vida.

 

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Los juegos de sociedad.

A mas de que no siempre es posible en las largas veladas de invierno alimentar la conversación con asuntos nuevos e interesantes, la conversación propende casi siempre a la sátira. He aquí la razón porque es mejor jugar que fastidiarse, o murmurar; mas a fin de que los juegos tengan regla y medida, pueden reducirse a cuatro clases.

La 1ª ejercita las fuerzas corpóreas, como la lucha, la carrera, los bolos, y todos los gimnásticos.

La 2ª ejercita las fuerzas intelectuales, como el ajedrez y muchos juegos de naipes.

La 3ª deja inertes las unas y las otras, como los dados y todos los juegos de azar.

La 4ª ejercita a un tiempo aquéllas y éstas en diversos grados y en parte depende también del azar, como los de pelota a caballo, eI de billar, etc. Las cometas divierten durante el invierno todas las cortes de oriente; se les cuelgan fuegos que parecen astros en medio del espacio. La del rey de Siam está siempre en el aire, durante la noche, y los mandarines sostienen alternativamente el hilo. En Europa esta diversión es exclusiva de los muchachos, y reúne el placer de los ojos al ejercicio de los miembros.

Suponen algunos que los naipes eran desconocidos antes del siglo XV, y que los inventó Jacobo Gringonneur, pintor parisiense, hacia fin del siglo anterior; mas parece que esta opinión resulta a todas luces errónea cuando se lee el manuscrito italiano del año 1295, citado por Tiraboschi y por el Diccionario de la Crusca, en el cual se habla del juego de naipes, como cosa ya común en aquel tiempo. No sería extraño que los hubiesen inventado los asiáticos como inventaron el ajedrez; mas cualquiera que sea su origen, es cierto que los naipes, al igual que otro cualquiera placer inocente, que algunos censuran y que los gobiernos prohíben bajo penas muy severas, han resistido a tantos poderosos enemigos conjurados contra ellos. Después que la experiencia y los progresos de la economía política han enseñado a los gobiernos a sacar partido de lo que antes prohibieron infructuosamente, los naipes tienen existencia legal, engordan el tesoro público, ocupan brazos en su fabricación y el placer de los unos se convierte en fuente de trabajo para los otros. Los naipes son hoy una de las diversiones que están en uso en las cuatro partes del mundo (Nota 1).

"La invención de los naipes introdujo cambios en la manera de divertirse"

(Nota 1). En este y en otros puntos parece que el autor está dispuesto a transigir con muchas cosas, con tal que promuevan el trabajo y alimenten la industria. Bueno y sobre bueno es necesario que el trabajo y la industria sean vivamente protegidos; mas su promoción no hará nunca que sea buena una cosa si es esencialmente mala. Así convendría discutir si los naipes son útiles o perjudiciales, haciendo caso omiso en esta discusión de los buenos resultados que de ellos puede sacar la industria. Si procediéramos tomando por criterio el trabajo y la industria, deberíamos hacer caso omiso de la moral y de las buenas costumbres que prohíben muchas cosas cuya tolerancia proporcionaría trabajo y daría nacimiento a muchas industrias. Yo creo que los naipes son buenos y son malos según lo que en ellos se apuesta, y según el tiempo que a los mismos se dedica.

Los primeros naipes se diferenciaban de los actuales en la apariencia y en el precio. Estaban dorados y las figuras muy minuciosamente pintadas, de suerte que su fabricación exigía talento y trabajo muy prolijo, y de aquí es que estaban muy caros y su uso era muy limitado. La invención de los naipes introdujo cambios en la manera de divertirse, pues los diferentes juegos a que se prestaron costaban más tiempo que dinero, de suerte que aun abusando de ellos fueron menos fatales que los dados.

En general los juegos pueden ser útiles, porque ponen en movimiento el espíritu de combinación, así es que yo los recomendaría a los muchachos estúpidos por que la vanidad estimulada en las alternativas de la derrota y del triunfo despierta la atención y da actividad al ánimo. Además una persona que no sabe jugar, obliga muchas veces a otras dos o tres a estarse ociosas o a fastidiarse, terminados que estén los recursos de la conversación. Cuando indico las ventajas del juego como el alimento a la necesidad de entretenerse, no trato de ponderar la pasión por el mismo; como quien indica el mérito del vino no se propone hacer la apología de la embriaguez. Los juegos, mientras no traspasen los límites de la decencia, son tanto más apreciables cuanto mayor ejercicio ofrecen a las fuerzas y principalmente a las intelectuales, por lo cual los más nocivos y menos apreciables son los de azar.

 

Nota

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