La primera impresión. Muestre lo mejor de sí mismo y ¡sonría!

La primera impresión es tan importante que no existe una segunda para remediarla

La Vanguardia

 

Primera impresión positiva. Hombre elegante. La importancia de tener una primera impresión positiva foto base stokpic - Pixabay

La importancia de tener una primera impresión positiva

Todo se decide en los instantes iniciales. Ello explica los batacazos que nos pegamos. Dos segundos son suficientes para la sentencia.

Consejo: muestre lo mejor de sí mismo y ¡sonría!

"La primera impresión es tan importante que no existe una segunda para remediarla". Rafaela no es psicóloga, pero se deja aconsejar por la experiencia y el sentido común. Y ambos le indican que de su reciente divorcio pueden tener la culpa aquellos instantes en que se conocieron. Aquel flechazo que atravesó su alma con la imagen de un hombre tranquilo, cariñoso y noble, que no tardó en revelarse, cuando ya era un poco tarde, como un tipo sucio y neurótico. "Está visto que te puedes equivocar enormemente. Supongo que la próxima vez me lo pensaré dos veces".

Pero todo se decide en los primeros minutos del encuentro entre dos personas. Y este primer golpe de vista resulta difícil de cambiar y de él nos servimos tanto en el amor, como en la amistad y el trabajo. Hasta el punto que la primera impresión que nos causa alguien parece pesar más que su valía profesional o las escondidas virtudes de su alma. Ello explica también los tremendos batacazos que nos pegamos cuando la segunda impresión, más racional y precisa, nos muestra cómo es en realidad la otra persona.

Sin embargo, las últimas investigaciones realizadas indican cómo esta primera impresión, en contra de lo que se creía hasta ahora sobre la existencia de un efecto acumulativo durante los primeros cinco días, se genera en apenas unos minutos y suele ser, en la mayoría de los casos, inamovible y ¡certera!

En un estudio, Michael Sunnafrank y Artemio Ramírez, de la Universidad de Minnesota, analizaron el comportamiento de 164 jóvenes que no se conocían entre sí. Después de reunirlos en parejas, los dejaron conversar durante tres, seis o diez minutos, y a continuación les pidieron que rellenaran un cuestionario. El objetivo era estimar la relación que cada uno de ellos estaría dispuesto a llevar con el otro, sabiendo que coincidiría con él, o ella, cuatro veces por semana.

Porcentaje de aciertos a partir de una primera impresión positiva

Dos meses después, el 95% de los jóvenes acabaron desarrollando con el otro la relación que habían previsto tras la breve conversación inicial. Además, cuanto más positiva era la primera impresión, más aumentaba la proximidad alcanzada con el compañero o compañera del experimento. Yel mismo fenómeno se producía en sentido inverso, en todos los casos. Así que, Sunnafrank y Ramírez concluyeron su investigación constatando el hecho de que una gran mayoría de jóvenes pudo determinar a primera vista cuál sería la calidad de las relaciones con la otra persona, lo que ratifica la validez de la primera impresión como instrumento de regulación de las relaciones interpersonales. Pues es a partir de ella cómo cada persona establece el esfuerzo que está dispuesta a realizar para avanzar en su relación con el otro.

"Disculpe que no le abriese, es que tenía usted cara de sospechoso". Resulta un desastre para un periodista de calle que en la primera toma de contacto inquiete a la gente. Ya mí me ha pasado un par de veces. Sólo queda el consuelo de pensar que, con extraña frecuencia, cuando detienen a terroristas, asesinos y violadores, sus vecinos de escalera, basándose en breves encuentros en el ascensor, declaren que "parecían buenas personas".

¿Difícil aclararse? Las investigaciones actuales insisten en que la sentencia sobre la otra persona se emite en cuestión de segundos y suele ser bastante fiable. Nalini Ambady y Robert Rosenthal, psicólogos experimentales de la Universidad de Harvard, grabaron a varios profesores dando clase y luego les mostraron fragmentos mudos, de diez segundos de duración, a una serie de observadores externos que debían puntuarlos. Incluso cuando Ambady redujo la duración de las grabaciones a cinco segundos, y hasta a dos segundos, las puntuaciones fueron las mismas. Todo los rasgos resaltables de los profesores se definían, aparentemente, en los primeros ¡dos segundos! de sus respectivas actuaciones. Y, lo que resulta más sorprendente: Ambady y Rosenthal descubrieron que las conclusiones que saca una persona después de ver un videoclip de dos segundos de un profesor desconocido son muy semejantes a las alcanzadas por un grupo de estudiantes tras haber tenido clases durante todo un semestre con ese mismo profesor.

Quizás por eso - y a pesar de que estas conclusiones se generan de forma subconsciente y en las que influye de manera determinante el lenguaje corporal- la primera impresión en el mundo laboral puede acabar siendo más importante que el currículum. Y hoy muchas empresas se basan únicamente en la entrevista como método para contratar personal ¿Qué hacer entonces? Anna Muñoz, directora del Cepvi, un centro de terapia a través de internet, sugiere: "Muchas personas piensan que hay que ser natural y mostrarnos ante los demás tal y como somos. El problema aparece cuando esto se interpreta como dejar ver los defectos desde el principio. Y dada la gran importancia que parece tener esta primera impresión, lo más inteligente es tratar de mostrar la mejor imagen posible de nosotros, que es lo que la mayoría de la gente intenta hacer, y dejar los defectos para más tarde, de manera que su impacto será menor si hemos causado una buena impresión, que tenderá a mantenerse".

Y es que la expresión "el amor es ciego" es muy cierta, argumenta Muñoz. Pues si consideramos que una persona es maravillosa, tendrá que hacer algo atroz para que pensemos de otro modo. "A veces, ni siquiera hace falta ver a una persona para formarnos una opinión favorable o desfavorable. Si nos describen a alguien como agradable y amable antes de haberlo conocido, después tendremos una mejor opinión de esa persona que si nos la han descrito como fría y antipática".

Así que en la cultura empresarial actual gana peso la opinión de que la imagen que damos al principio no lo es todo... sino que es lo único. De ahí la proliferación de todo tipo de cursos sobre cómo estrechar la mano, redactar el currículum o causarle buena impresión a los demás.

El aspecto externo es muy importante

"Es obvio que la persona mejor cualificada no siempre obtiene la mejor oferta. En su lugar, es la persona cualificada que da la primera impresión adecuada la que la obtiene", afirma el ensayista David Jensen, director de la consultora Careertrax. "¿Así, qué puede hacer para optimizar su situación? No le daré ningún truco ni fórmula mágica, porque opino que uno puede dar una buena primera impresión simplemente mostrando el mejor lado de sí mismo. Es difícil fingir en una entrevista con el fin de causar una buena primera impresión. Quizás el mejor consejo sea entonces que dado que no se puede hacer nada al respecto, pues sólo queda ser uno mismo".

Y, sin embargo, este consejo podría llevar a algunos a entrar en la sala de entrevistas con la actitud de ¡aquí estoy yo! Pues aunque las primeras impresiones son, sin duda, irracionales, hay una serie de técnicas que puede hacer antes de la entrevista para aumentar sus probabilidades de mejorar el juicio del otro sobre ti. El aspecto exterior es una de ellas; hoy parece pesar más el cómo que el qué. "Y no puede ni imaginarse el impacto que tiene la vestimenta en la primera impresión", explica Frank Bernieri, jefe del departamento de Psicología de la Universidad de Oregón. "En cuanto al apretón de manos, que es otro elemento que está bajo su control, lo importante no es la fuerza con la que estreche la mano a su entrevistador; se trata de conseguir que las manos encajen, sintonicen, de tal forma que el entrevistador no apriete solamente un montón de dedos. En nuestros estudios, los varones siempre obtienen mejores puntuaciones en los apretones de manos que las mujeres, pero esto se debe a que, por lo general, han tenido mucha más práctica".

Aunque, si hemos de hacer caso a David Lieberman, autor del libro de autoayuda 40 maneras de conquistar el mundo, la piedra filosofal de nuestras relaciones con los demás es la sonrisa: "¡Sonría! Sonreír logra cuatro cosas importantísimas: transmite confianza, felicidad y entusiasmo. Y, lo que es más importante, demuestra aceptación".