Forma y ceremonias con que se recibe el estoque y opileo o capelo de los Sumos Pontífices.

Forma y ceremonias con que se recibe el estoque y opileo o capelo que los Sumos Pontífices acostumbran enviar a los Señores Emperadores, Reyes o Príncipes de España y otras personas Soberanas Católicas.

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Forma y ceremonias con que se recibe el estoque y opileo o capelo que los Sumos Pontífices acostumbran enviar a los Señores Emperadores, Reyes o Príncipes de España y otras personas Soberanas Católicas.

Su Santidad, en Roma, la noche de Navidad va a la Iglesia de San Pedro, y antes de la primera Misa, en la Capilla que llaman Sacristía Pontificia, con todos los Cardenales revestidos, dos Asistentes mayores, que el uno de ellos tiene el estoque en la mano y el otro el ceremonial, bendice el estoque y opileo o capelo, echándole agua y pidiendo a Dios por la intercesión de San Pedro y San Pablo, fortaleza en aquel estoque, y defensa en el capacete que le cubre, contra los luteranos y enemigos de la fe, y para que la persona que le ciñere sea vencedor de sus enemigos, el Asistente le lleva hasta el Altar y le pone en él hasta que se dice la Misa mayor.

Este estoque le manda guardar el Pontífice en su recámara, y en ocasión de ligas y guerras contra infieles, le presenta con Legado particular o con el que tiene en aquella provincia al Príncipe cabeza o caudillo de la liga.

Así lo hizo la Santidad de Pío V con el Serenísimo Don Juan de Austria el año de 1531, siendo General de la liga contra el turco.

La Santidad de Gregorio XIV a la Majestad del Rey Nuestro Señor Don Felipe III, siendo Príncipe, por mano de Monseñor Darío, su Secretario y Nuucio, de quien la recibió en San Lorenzo el Real, día de San Bartolomé 24 de Agosto de 1591, que también llevó la Rosa que Su Santidad envió para la Señora Infanta Doña Catalina, y la función del estoque fué ejecutada en la forma siguiente:

Llegó el Nuncio a San Lorenzo la víspera de San Bartolomé, y aposentóse en la hospedería del convento.

El día de San Bartolomé, a las nueve de la mañana, salió por la puerta de la hospedería a la plaza del pórtico, y entró por él acompañado por los Mayordomos de S. A., Gentiles-hombres de Cámara de S. M y del Príncipe Nuestro Señor y de los demás caballeros que se hallaban en San Lorenzo.

Llevábanle en medio el Conde de Orgáz y Marqués de Villa-Nueva, Mayordomos de S. A., y entraron por la puerta principal de la Iglesia, que se abrió para esto.

Iba delante un Capellán, Maestro de Ceremonias de Su Santidad, que llevaba el estoque levantado, y en la punta de él el capelo.

Llegados a las gradas del Altar mayor, hicieron oración, y el Capellán que llevaba el estoque subió arriba y lo puso en el Altar al lado de la Epístola.

El Nuncio, que había de decir Misa, se entró a vestir en la Sacristía, donde estaba prevenido un ornamento bordado de piedras y de perlas, y por ser muy pesada la casulla, se vistió otra de tela de oro, encarnada; pero los Asistentes y Diáconos llevaban el ornamento rico.

Comenzóse la Misa con gran solemnidad, y la oyeron S. M. y SS. AA. en el Oratorio.

Acabada la Misa, antes de echar la bendición, pusieron entre los Oratorios, sobre las primeras gradas, una alfombra y un sitial de brocado tendido, y en él una silla de terciopelo carmesí, y frontero de la silla una almohada de brocado.

Acabada la Misa, bajó el Nuncio a la peana del Altar y se sentó en la silla y se cubrió; y D. Martín de Idiáquez, Secretario de Estado de S. M., en voz alta, leyó un Breve de Su Santidad, en latín, que decía que enviaba al Nuncio para que llevase y diese a S. A., en su nombre, el estoque y capelo, como a hijo del Rey Nuestro Señor, de quien esperaba que había de defender la fe y la religión Católica como lo habían hecho sus pasados.

Acabado de leer el Breve, salió el Príncipe Nuestro Señor del Oratorio por la puerta que está cerca del Altar, vestido de gala, acompañándole delante los Mayordomos, con bastones; luego los Duques de Béjar y Maqueda, y detrás de S. A. el Marqués de Velada y D. Cristóbal de Mora.

En saliendo S. A., se levantó en pie el Nuncio y se descubrió; S. A. se hincó de rodillas en la almohada que le puso el Marqués de Velada.

El Capellán de Su Santidad bajó el estoque y capelo que estaban en el Altar, y dijo el Nuncio las oraciones que para estas ocapiones tiene dispuesto la Iglesia: acabadas, llegó a ceñir el estoque a S. A. y le ayudaron el Marqués de Velada y D. Cristóbal de Mora.

Sacó el Nuncio el estoque de la vaina y lo puso a S. A. en la mano, y volvió a decir otras oraciones; y luego le puso el capelo en la cabeza, y habiéndole tenido uu poco, llegaron el Marqués y D. Cristóbal de Mora a quitársele.

Hecho esto, se volvió el Nuncio al Altar, quedando S. A. de rodillas; echó la bendición y dijo el Evangelio de San Juan, y se fué a descansar a la Sacristía.

El Príncipe Nuestro Señor bajó de donde estaba, y acompañado de los Grandes y Caballeros, se fué a su aposento, saliendo por medio de la Iglesa y la puerta principal, y por el patio grande de Palacio; D. Cristóbal de Mora iba delante, inmediato a S. A., con el estoque envainado y en la punta el capelo.

La Santidad de Paulo V envió el estoque al Rey Nuestro Señor (Q. D. G.), siendo Principe, con D. Francisco Chirrino, Patriarca de Jerusalén, Obispo electo de América, Nuncio ordinario en esta Corte, y la Rosa a la Reina Nuestra Señora Doña Isabel de Borbón (Q. E. G.), siendo Princesa, y la recibieron en Madrid, martes 25 de Diciembre de 1618, con las ceremonias y en la manera que sigue:

S. M. dio orden al Almirante el día antes para el acompañamiento, al cual convidó a todos los Grandes, Titulos y Caballeros de la Corte, y fué por el Nuncio a su casa, de donde salieron.

Iba el Nuncio con muceta y capelo y llevaba la Rosa en la mano; y delante, inmediato, un Capellán suyo, el estoque con el opileo en la punta.

Llegaron a Palacio, y habiéndose apeado en el zaguán, subieron a la Capilla y el Nuncio puso la Rosa y el estoque en el Altar, y vistióse de Pontifical para celebrar la Misa.

Salieron S. M. y el Príncipe Nuestro Señor a la Capilla, con los collares del Toisón, acompañados de Embajadores, Grandes, Mayordomos, Títulos, Gentiles-hombres de la boca y de la casa.

En estando en la cortina se comenzó la Misa del día en la forma que se acostumbra, y en el ínterin tuvo un Capellán con capa el estoque en la mano sobre el Altar.

En diciendo el "Ite Misa est", pusieron el faldistorio en medio del Altar; sentóse el Nuncio y dio al Asistente mayor el Breve que traía de Su Santidad para el Príncipe Nuestro Señor, para que se leyese; y entre tanto los mozos de oficio de la tapicería tendieron una alfombra desde el cancel hasta el remate de los bancos de los Grandes y Capellanes, para las Damas, y el Jefe de la tapicería y sus ayudantes pusieron un brocado, muy rico, junto a la primera grada del Altar.

Acabado de leer el Breve, salió el Príncipe Nuestro Señor de la cortina, acompañado del Duque de Uceda, su Mayordomo mayor, y los Mayordomos, y llegándose a la grada del Altar, el Duque puso una almohada sobre el brocado, en la que S. A. se hincó de rodillas.

El Nuncio comenzó las ceremonias del estoque en la forma que lo dispone el ceremonial romano; y habiéndole dado el estoque y opileo encima de él, S. A. se lo dio al Conde de Saldaña, su Caballerizo mayor, y se levantó y volvió a la cortina, de donde salió otra vez, y acompañado de los Grandes y Mayordomos fué por la Princesa Nuestra Señora, y en llegando al cancel S. A. salió acompañada de las Dueñas y Damas de honor.

Llegaron a las gradas del Altar, donde estaba tendido el brocado, y el Duque de Uceda puso una almohada al Príncipe Nuestro Señor y otra a la Princesa Nuestra Señora, en las que se hincaron de rodillas.

El Nuncio comenzó la ceremonia de la Rosa conforme al ceremonial romano, y habiéndola recibido S. A. de mano del Nuncio, la besó y entregó al Patriarca, Capellán y Limosnero mayor.

Sus Altezas se levantaron y fueron a la cortina con el Rey Nuestro Señor; el Nuncio mandó publicar la indulgencia plenaria que Su Santidad había concedido para este día, y publicada echó la bendición Pontifical y después dijo el Evangelio postrero.

Habiendo acabado el Nuncio, se fué a desnudar al faldistorio, y S. M. y A. A. hasta el cancel, donde se quedó la Princesa Nuestra Señora con sus Dueñas y Damas.

Llevaba el Patriarca, Capellán y Limosnero mayor, la Rosa delante, y el Conde de Saldaña el estoque.

Dejó S. M. a la Princesa Nuestra Señora en el caucel, y entraron con S. A. el Duque de Uceda, su Mayordomo mayor, y el Patriarca con la Rosa hasta su aposento.

Su Majestad y el Príncipe Nuestro Señor salieron por el corredor con el acompañamiento, llevando el Conde de Saldaña el estoque con el opileo, delante inmediato, y el Nuncio, Embajadores y Grandes en sus lugares.

 

Nota

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