I. EL CÓDIGO DE LA CIVILIZACIÓN: El penúltimo jalón del camino. VII.

El penúltimo jalón en el camino. La generalización de la educación.

La civilización del comportamiento. Urbanidad y buenas maneras en España desde la Baja Edad Media hasta

 

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Convivencia Social (Formación Familiar y Social) (2° curso) de Carmen Werner Bolin (Madrid, Ediciones de la Sección Femenina, 1958, 7a edición). Es una publicación encargada a su autora por la Delegación Nacional de la Sección Femenina que se ajusta y responde a los programas de enseñanza en Bachillerato así como a los estudios de Comercio. También se destina a las Escuelas de Hogar de la Sección Femenina y se entiende que es un complemento óptimo del futuro Servicio Social que realizarán las alumnas en paralelo al servicio militar que le corresponde a los varones. Se trata, por tanto de una publicación avalada legalmente por el Estado y declarada de idoneidad por éste. El objetivo de este libro es corregir el tradicional, a juicio de la autora, "salir del paso" español vivificando y tonificando cuerpos y mentes de las lectoras con estas enseñanzas relativas al hogar, un añadido virtuoso a los tradicionales contenidos de latín, matemáticas y ciencias naturales que forman parte de la instrucción de las féminas. Recuperando las voces de autores clásicos que se refirieron en sus escritos a la cortesía -Cervantes o Quevedo- se recomienda un aprendizaje comprensivo y práctico, no memorístico salvo en el caso de los ejemplos en verso incluidos en cada capítulo, un par de refranes y las citas del Evangelio. De esta misma autora son también, dentro de las ediciones de la Sección Femenina, diversas publicaciones destinadas a diferentes cursos (Simón Palmer y Guereña, 1995:178-9)

Fundamentos (Libro 3º correspondiente al 2º ciclo de enseñanza elemental) de autor no especificado (Madrid, Gerona, Dalmau Carles, Pla, 1958). Destinado al segundo ciclo de enseñanza (8-10 años), se trata de una publicación aprobada por el Consejo Nacional de educación y desarrollado a partir de los cuestionarios de la Dirección General de Enseñanza Primaria. Viene acompañado de un libro pensado para uso específico del maestro. En el libro se declara que la orientación pedagógica es fundamentalmente 'activa' sin proporcionar más datos al respecto. Incluye contenidos de lengua, matemáticas, ciencias naturales, dibujo y educación religiosa -historia sagrada, oraciones, lecturas de la Biblia-, política -sobre Falange, definición de España, símbolos nacionales, gritos, himnos, actos heroicos de personajes gloriosos-, social -identificable con la urbanidad- e higiénica. Se concibe al uso de pequeña enciclopedia que abarca diferentes saberes básicos encaminados a la instrucción de los alumnos más pequeños dentro de la más pura ortodoxia de la escuela franquista: principios religiosos, moral católica y exaltación patriótica desde la niñez.

Manual de Moral y Urbanidad de José M. Valverde Butrón (Madrid, Susaeta, 1966). Se dirige fundamentalmente a niños y niñas que a partir de sus contenidos pueden afianzar sus dotes lectoras. Está dotado de ilustraciones en color en las que se representan diferentes escenas en las que el niño debe atender a las características de su conducta en función de si se encuentra en la escuela, en la calle, en casa, en la iglesia, con sus amigos o ante invitados. Se trata de ilustraciones que presentan una versión prototípica de la familia burguesa (padre, madre y descendencia) en ambientes domésticos pulcros, limpios y ordenados. Posee los habituales contenidos de carácter patriótico -respeto a los símbolos nacionales, la ley y las autoridades y culto a los héroes patrios- a los que se le suman enseñanzas relativas a la salud y cuidado del cuerpo, comportamiento en la mesa, en la alcoba, en la propia escuela -en la que el maestro es reconocido como un segundo padre- o en la cotidianeidad doméstica.

La etiqueta hoy de Natalie Devalls (Barcelona, Acervo, 1986). Aparece como un manual específicamente contemporáneo de buenas maneras, perfectamente sistematizado y con apartados claramente diferenciados. Cuenta con una breve introducción teórica que rápidamente deja paso al desarrollo de cuestiones tópicas como la indumentaria, las visitas, los regalos o la disposición de la mesa (Simón Palmer y Guereña, 1995:185). La autora califica de "sugerencias" cada una de sus propuestas evitando cualquier síntoma de coacción o imposición. Las buenas maneras, según Devalls, desarrollan en nosotros un sentido del decoro, de los modales y de la consideración hacia el otro sin la cual no es posible vivir en sociedad. La regla de oro es la reciprocidad -no hagas lo que no quieres que te hagan a ti- para a partir de ahí proclamar la universalidad del respeto al prójimo reconociendo la diversidad de usos que existen en función del lugar en el que se encuentre la persona. Mas ese respeto no conlleva el sacrificio de los propios intereses y derechos fundamentales. En esa consideración hacia el otro, es baza crucial la imagen personal como proyección externa de lo que somos.

El Libro del Saber Estar. La urbanidad y los usos sociales de Camilo López (Oviedo, Nobel, 1990, 4a edición). El autor, licenciado en Derecho, cuenta para su libro con un prólogo a cargo de la Reina de España en el que se enfatiza la importancia de unas maneras adecuadas como signo de deferencia y respeto hacia los otros. Perfectamente sistematizado en sus contenidos incluye apartados novedosos en comparación con los manuales que hasta ahora he reseñado. Se refieren cuestiones relativas al consumo de tabaco y el uso del teléfono y el coche. La primera edición aparece en Julio de 1990, reeditándose de nuevo ese mismo mes. La tercera edición es de Agosto de 1990 y la cuarta, que aquí manejo, de Octubre del mismo año. Volvería a reeditarse en 1992 (Simón Palmer y Guereña, 1995:186). Afirmando la naturaleza social del ser humano, entiende que los preceptos del 'saber estar' posibilitan la convivencia humana y la cohesión de los grupos sociales. Estos preceptos son de existencia universal y de concreción particular en función de la zona geográfica que consideremos.

5. El código de la civilización: un código burgués.

Una vez alcanzado ese término medio entre instrucción popular y conjura de posibilidades subversivas, es necesario que la escuela emprenda su cometido civilizador; cometido que se centra fundamentalmente en las clases populares. Son estas clases las que aún restan, desde la óptica de la burguesía, por civilizar (Nota: La civilización de los grupos populares a través de la enseñanza de la urbanidad y buenas maneras "serán eficaces para suavizar las maneras toscas, ásperas y hasta brutales que se notan frecuentemente entre las gentes sin educación". Pablo Montesinos, Reglamento de las Escuelas Públicas de Instrucción Primaria Elemental, 1838. Citado en Benso Calvo (1997:71; nota n° 25)).

El código de la civilización es de inspiración netamente burguesa e inicialmente contrasta con la inspiración aristocrática de los códigos anteriores, sin que este contraste signifique -como mostraré más adelante- una ruptura total con los ideales que inspiraron anteriores códigos. Es la burguesía el grupo social de referencia. Ella es la encargada de configurar a) un sistema educativo que generalice la educación de acuerdo con los requisitos que se derivan del nuevo orden emergente (industrialización, modernización, capitalismo, Estado nacional); b) unos contenidos educativos acordes a ese orden y c) un modelo de conducta y gestión de la emocionalidad que, asumido por el grueso de la población, sirva para afirmar que todos los habitantes se hallan civilizados. La escuela se erige en institución civilizadora una vez que se supone que las familias de las clases populares no están en condiciones de educar a sus vástagos según el modelo pergeñado por la burguesía (Benso Calvo, 1997:38).

Las buenas maneras son para la burguesía, a diferencia de las clases populares, un instrumento de abrillantamiento y distinción, un despliegue de su dignidad como grupo social y una vía para legitimar su posición privilegiada en la jerarquía social. Si la escuela es la institución civilizadora para el pueblo, para la burguesía ésta no hará sino reforzar lo que el niño ya ha aprendido en casa. En su caso, es la familia quien a través de la oralidad y el ejemplo sienta las bases del futuro comportamiento y emocionalidad civilizados. El papel desempeñado por la familia como agente civilizador se vió favorecido por el hecho de que el periodo correspondiente a la instrucción primaria fuese asumido por los propios padres o profesores contratados al efecto por éstos y que accediesen a la enseñanza secundaria con compañeros de similar extracción social toda vez la educación secundaria constituía un obstáculo insalvable para los miembros de las clases populares. La educación confiere prestigio a la burguesía; es ella quien accede al nivel secundario y a la Universidad y es sobre todo en ese nivel secundario donde se refuerza y perfecciona cuanto le fue enseñado en familia en lo relativo a la conducta y la regulación de las emociones.