Discurso de clausura de los premios de la Asociación Española de Protocolo. VII Jornadas de Protocolo.

Discurso de clausura de los premios de la Asociación Española de Protocolo. VII Jornadas de Protocolo.

Asociación Española de Protocolo

 

Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

Excma Sra. Presidenta de la Fundación Isaac Albéniz y de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Excmo Sr. D. José María Gil Robles.

Sr. Director General del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria y Presidente de la Asociación de Directivos de la Comunicación. Estimada Presidenta de la Asociación Española de Protocolo. Excelentísimos y estimados señores premiados. Señoras y Señores.

Definitivamente es un día feliz. Sí, feliz, porque pienso que los que estamos aquí creemos todos en el Protocolo, en su importancia y en su profesionalización. No estamos todos. Es evidente. Pero durante todo el día, hemos vivido y respirado protocolo. Primero en la magnífica jornada preparada por la Asociación Española de Protocolo, a quien animo a que siga convocándonos a foros como éstos que son muy necesarios. Segundo, entorno a una singular fiesta mediante la cual reconocemos a personas a instituciones que en el pasado año han contribuido a hacer más grande y más importante el Protocolo.

Es un día feliz, o al menos debe serlo. Con actos como éstos construimos una profesión que día a día va ganando enteros y aceptación general, algo que no se obtiene esperando en casa a que llegue. Lo que uno quiere debe pelearlo, y ha de hacerlo desde el convencimiento personal y con la tenacidad propia de quien cree buscar algo que afecta al bien de todos. Si queremos que el Protocolo y sus profesionales tengan el máximo reconocimiento social hemos de trabajar con tesón, con rigurosidad, con conocimiento, con formación, con ejemplo. Si queremos ser profesión precisamos de una Asociación fuerte, y de unos asociados comprometidos y colaboradores. Si queremos ser profesión necesitamos más publicaciones actuales y más investigaciones. Si queremos ser profesión precisamos más centros especializados de formación, con planes de estudios rigurosos y acordes con la legislación de una carrera universitaria. Si queremos ser profesión, necesitamos congresos y jornadas de reciclaje y puesta al día. Si queremos ser profesión, es bueno reconocer a quien allana caminos con su dedicación diaria. Si queremos ser profesión hemos de apartar de nuestro camino a quien divulga y defiende que el Protocolo sólo es cosa de educación y buenas maneras, o quien piensa que el Protocolo sólo es cosa de autoridades.

Y muchos queremos ser profesión, y decir abiertamente soy Técnico en Protocolo o Diplomado en Protocolo o titulado universitario en Protocolo. Y decirlo con orgullo. Muchos queremos que se empiecen a contratar a los profesionales bien formados para los servicios de protocolo, pero tampoco podemos defender que por asistir a unas horas de formación soy todo un Experto. No. Si queremos ser profesión, debemos comprometernos a establecer el sistema educativo más idóneo que nos iguale a otras carreras. Sólo así podremos aspirar a lo máximo. Y creo que vamos por buen camino, aunque muchos sigan pensando erróneamente a mi juicio que en esto del Protocolo basta un poco de sentido común y buenas dotes organizativas. Mal camino éste. Una lástima.

Soy un apasionado del Protocolo y por ello defiendo esta profesión a corazón partido como decía la canción. Soy apasionado porque creo en ella, sé de su necesidad y hemos podido comprobar de su eficacia en una correcta y justa aplicación en todas las entidades. Conozco los beneficios que ofrece y lo mucho que contribuye en la estrategia empresarial, si se aplica correctamente y con sentido de actualidad. Por ello sé que tenemos que seguir trabajando duro para alcanzas esa meta global de reconocimiento general que cada día está más cerca, para que no nos contraten por lo guapos que somos, lo finos que parecemos, lo bien que ponemos la mesa o los magníficos asesoramientos que podemos ofrecer sobre la corbata de nuestros ejecutivos.

Señora O'Shea, perdóneme el atrevimiento de decirle que usted que preside un espléndido proyecto de carácter social, en el que hay un alto componente educativo, seguro que me entenderá cuando digo que una profesión sin formación previa cualificada ni es profesión ni es nada. Y en la formación hemos de tener muy en cuenta la observación. Observar lo que los demás hacen, cómo resuelven sus problemas, cómo innovan, como introducen herramientas novedosas de trabajo, o cómo aplican correctamente el mejor protocolo, o cómo investigan para ponerse al día. Y en esa observación vemos espléndidas actuaciones que nos sirven de referencia y que las elevamos al grado de aplauso.

Por esta razón, dentro de un proyecto general de Protocolo, nacieron los Premios Internacionales de Protocolo, promovidos por la Asociación Española de Protocolo y la Escuela Internacional de Protocolo. Nacieron para aplaudir públicamente a quien con su trabajo diario nos da nuevos conocimientos y nuevas experiencias, nuevos estudios y nuevas soluciones. Y no nos hace más pequeños premiar a los demás, sino más grandes. Porque la grandeza de una persona consiste, entre otras cosas, en reconocer lo limitado que es uno y en saber que de los demás también aprendemos. Esa grandeza es la que debe presidir la profesión de Protocolo.

Sí, grandeza. Porque los de Protocolo aun seguimos pensando que lo nuestro es lo mejor, y no es cierto. Seguimos pensando que enseñar a otros es sacar boleto al despido. Seguimos pensando que sólo se aprende de los encontronazos. Quiero pensar que como mejor se aprende es siendo enseñado y, posteriormente, enfrentándose a la realidad. Ese sentido de la solidaridad, esa apertura a la contribución, que ponga fin a un sistema autártico es necesario para esta profesión que quiere ser reconocida.

Por ello hoy nos reunimos ante un grupo de personas e instituciones para aplaudirlas y para darles las gracias por lo que están haciendo por nosotros, por nuestro prestigio y nuestros conocimientos.

Hablar de los premiados y sus méritos.

Gracias en definitiva a todos ellos. Como hemos de agradecer a quien una y otra vez demuestra su sensibilidad por el Protocolo y su reconocimiento. No es casualidad que el BBVA sea hoy el gran impulsador de este premio de Protocolo.

En los últimos años este Banco cada vez más comprometido con la sociedad real y su entorno, ha estado apoyando la profesión de Protocolo, y su mecenazgo a lo largo de las tres últimas ediciones del Congreso Internacional de Protocolo (cuya próxima edición será los días 15, 16 y 17 de noviembre de este año, en Palma de Mallorca), da buena cuenta de ello. Gracias por este apoyo, para nosotros muy importante y seguramente clave. El propio jurado de este premio ya lo puso de manifiesto: Si alguien merece un premio en protocolo es este Banco, y buenas razones hay para ello, aunque este no sea el mejor momento. Gracias por todo.

Gracias a todos ustedes por acompañarnos en un acto tan entrañable y simbólico. Entrañable porque cada vez que uno se reúne entorno al protocolo, todo es entrañable. Simbólico porque damos un nuevo paso en un proyecto necesario.

Gracias María Carretero por esa sufrida y callada labor que día a día haces desde la presidencia de la Asociación y desde tu convicción y entrega personal.

La Escuela ya tuvo la oportunidad de reconocérselo al conceder la máxima distinción de Presidenta Honoraria de la Escuela y Medalla de Oro. Pero nunca será suficiente. Porque te vemos cada día, cada mañana y cada tarde, probablemente en una cierta soledad que no te mereces, dejándote la piel por todos nosotros. Si alguien pasará la historia del asociacio-nismo protocolario esa es María. Por favor María, carga pilas donde sea, pero no nos dejes huérfanos.

Gracias D. José María Gil Robles por acompañarnos en estos momentos. Su presencia concede a este acto una especial proyección, aquella que sitúa al protocolo como un servicio público, como una manera de contribuir a una sociedad en mejor convivencia y más humana.

Gracias Dña. Paloma O'Shea por renunciar a otros compromisos por estar en esta fiesta protocolaria. Su presencia nos da ánimos y nos demuestra que este loco proyecto protocolario ni es tan loco, ni es tan protocolario. Sino que es un proyecto real y necesario. ¿Dónde llegaremos?. Ustedes, profesionales del protocolo, futuros profesionales, estudiosos de la materia y entusiastas del mismo, ustedes, tienen la última palabra. Que por iniciativas y apoyos no sea.

Gracias.

Sr. D. Carlos Fuente Lafuente.

Jefe de Protocolo de la Fundación Príncipe de Asturias Presidente de la Escuela Internacional de Protocolo.

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