Capítulo VI. Deberes del niño al levantarse.

Aun haciendo un sacrificio, levántate con presteza, no acaricies la pereza, porque es la madre del vicio.

Nuevo Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, escrito en verso para la infancia. París, 1.880

 

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Si pretendes conservar
tu salud y tu alegría,
al punto que asome el día
debes el lecho dejar.

Aun haciendo un sacrificio,
levántate con presteza,
no acaricies la pereza,
porque es la madre del vicio.

Luego, con sana ternura,
bendice a Dios cariñoso,
y Dios te dará amoroso
dulce contento y ventura.

Cuando en tu mismo aposento
otra persona durmiere
y gozar del sueño quiere,
no le inquietes desatento.

No dejes tu habitación
sin que te encuentres vestido
con el esmero exigido
por la buena educación.

Y jamás desaliñado
en el balcón te presentes,
que pueden verte las gentes
y puedes ser censurado.

Tu habitación al dejar
tu primer deber, oh niño,
es, con amante cariño,
a tus padres saludar.

Si despiertas enfadado,
nunca muestres tu disgusto,
que humor negro y gesto adusto
siempre causan desagrado.

 

Nota

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