Protocolo eclesiástico. Ceremonia del Bautismo. Significado

El Bautismo, desde un principio ha sido llamado la "puerta de la Iglesia" expresando así su gran importancia y singularidad

 

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La ceremonia del bautismo.

Todo lo que rodea a la ceremonia del Bautismo, al igual que en otras ceremonias, se ha convertido en un evento de carácter social, perdiendo, en gran medida, su significado religioso. Bien parece más una excusa, para poder celebrar algo, que un sacramento entendido como sentido religioso profundo.

El Bautismo, desde un principio ha sido llamado la "puerta de la Iglesia" expresando así su gran importancia y singularidad en la comunidad cristiana. Sin embargo, podemos constatar en el ambiente de muchas de las sociedades llamadas cristianas, que el Bautismo se ha convertido, para muchos, en un hecho de carácter sociológico que ha perdido su trascendencia eclesial para pasar a ser una fiesta de nulo sentido religioso.

El hecho del Bautismo

El término Bautismo procede del verbo griego baptizein, que significa sumergir, lavar. El simbolismo de los efectos del agua como signo de purificación es muy común en la historia de las religiones. Sabemos que Juan Bautista daba el bautismo a todos aquellos que aceptaban su predicación como cambio de vida.

Jesucristo enseñó a los apóstoles un bautismo diferente del conocido por los judíos. No era sólo un símbolo, sino una verdadera purificación y un llenarse del Espíritu Santo. Juan Bautista lo había anunciado: "Yo bautizo con agua, pero pronto va a venir el que es más poderoso que yo, al que yo no soy digno de soltarle los cordones de sus zapatos; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego". (Lucas 3,16).

El hecho más importante para interpretar el Bautismo cristiano es el Bautismo de Jesús, en el que culminan las prefiguraciones del Antiguo Testamento sobre este sacramento.

Los cuatro evangelios cuentan el Bautismo que recibió Jesús (Marcos1, 9-11; Mateo 3, 13-17; Lucas 3, 21-22; Juan 1, 32-34) y los cuatro conceden excepcional importancia a este hecho porque representa el punto de partida y el comienzo del ministerio público de Jesús (Hechos de los Apóstoles 1,22; 10,37; 1 Juan 5.6). Todos los evangelistas coinciden en narrar dos cosas:

El descenso del Espíritu

La proclamación divina asociada a la venida del Espíritu Santo.

Según el judaísmo antiguo, la comunicación del Espíritu significa la inspiración profética. La persona que recibe el Espíritu es llamada por Dios para ser su mensajero (Eclesiástico 48,24; Daniel 13,45). Por lo tanto, en el momento del bautismo, Jesús recibió del Padre la vocación y el destino que marcó y orientó su vida.

La proclamación divina "Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco" (Marcos 1,11; Mateo 3,17; Lucas 3,22), acompañó la venida del Espíritu. Estas palabras evocan el texto de Isaías que da inicio a los cantos del Siervo de Yahvé (Isaías 42,1); este Siervo es el hombre solidario con el pueblo pecador, al que libera y salva a través de su sufrimiento y muerte. (Isaías 53, 1-12).

Con ocasión de su Bautismo, Jesús experimentó su vocación, aceptando la misión y el destino que le llevarían a su muerte violenta. Así se explica que las dos únicas veces que Jesús utiliza el verbo bautizar (Marcos 10,38; Lucas 12,50) sea para referirse a su propia muerte.

El bautismo para Jesús tiene un sentido concreto: es el acto y el momento en que el hombre asume conscientemente una vocación y un destino en la vida, la vocación y el destino de la solidaridad incondicional con los hombres, especialmente los más pobres, hasta llegar a la misma muerte.

Juan bautizaba en vistas al juicio último de Dios; el Bautismo cristiano es la participación en la muerte y resurrección de Jesucristo; es decir, el bautizado ha muerto a una forma de existencia, para nacer a otra nueva que no acabará jamás.

La Iglesia bautiza porque así realiza el mandato de Jesús resucitado y porque está llena del Espíritu Santo para comunicar la salvación a través de este sacramento.

El Bautismo es el sacramento de la fe (Marcos 16,16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Solo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los cristianos. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Cuando se trata del Bautismo de niños, para su crecimiento en la fe es necesaria la ayuda de los padres y padrinos (Código de Derecho Canónigo 1253-1255).

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El significado del Bautismo

El Bautismo, por ser un sacramento de iniciación, tiene unos efectos de regeneración e incorporación muy especiales:

" Al bautizado le son perdonados los pecados y recibe una vida nueva, se une a la muerte y resurrección de Jesucristo, participa de su misión sacerdotal, profética y real y es incorporado a la Iglesia".

Perdona los pecados y da una vida nueva

El paso del mar Rojo fue para los israelitas el paso de la esclavitud a la libertad. Por eso el Bautismo, que vinculó a aquellos hombres al destino de Moisés ( 1 Corintios 10,2), fue el bautismo de la liberación.

Así mismo, el Bautismo cristiano comporta una experiencia de liberación: de la misma forma que el paso del mar Rojo fue para los israelitas la experiencia fundamental de su liberación, así el paso por el agua bautismal comporta para los cristianos la experiencia de su propia libertad.

Por el bautismo, el cristiano se separa del destino colectivo de una humanidad fatalmente sometida a la esclavitud del pecado, liberándose del pecado original que corrompe y desgarra al hombre y al mundo. La persona que ha vivido la experiencia del Bautismo, ha vivido la experiencia de la liberación del pecado. El pecado ya no tiene dominio sobre los cristianos ( 1 Juan 3, 5-6)

Para el bautizado no existe más ley que la del amor, a eso se refiere Pablo en Romanos 13, 8-10 y en Gálatas 5, 14. Luego la experiencia fundamental del creyente en el Bautismo es la experiencia del amor, no sólo del amor a Dios, sino también del amor al prójimo.

Une al bautizado a la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

De la misma manera que Jesús pasó por la muerte, para llegar a una vida sin límites, igualmente el cristiano tiene que pasar por una muerte (el Bautismo), para empezar una nueva vida, la vida de la fe, la vida propia del cristiano. Esto es lo que dice san Pablo en su carta a los Romanos:

"¿Ignoráis acaso que todos a quienes el bautismo ha vinculado a Cristo hemos sido vinculados a su muerte? En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su resurrección" (Romanos 6, 3-5).

"Morir con Cristo" significa morir al mundo, al orden establecido, como fundamento de la vida del hombre (Gálatas 6,14) o a los poderes del mundo que esclavizan (Colosenses 2,20), a la esclavitud de la ley (Romanos 7,6), a la vida en pecado (Romanos 6,6) o a la vida para sí mismo ( 2 Corintios 5, 14-15).

Hace participar al bautizado de la misión sacerdotal, profética y real de Jesucristo.

Quien recibe el Bautismo queda revestido de Jesús el Mesías, lo que significa que la misma vida de Cristo está presente y actúa en el que ha recibido el Bautismo.

El bautizado, unido a Cristo en la Iglesia, es como Cristo Sacerdote, Profeta y Rey, y está llamado a dar testimonio del Señor en este mundo. El Concilio Vaticano II ha enseñado que "los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo por la regeneración y la unción del Espíritu Santo" ( Ley General 10; cfr. 1 Pedro 2, 9-10).

El Bautismo imprime en el cristiano, un sello espiritual indeleble de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación. Dado una vez por todas, el Bautismo no puede ser reiterado.

Incorpora al bautizado a la Iglesia

La Iglesia es la comunidad de los bautizados, pues el efecto fundamental del Bautismo es incorporar al hombre a la comunidad de la Iglesia. La Iglesia es la comunidad de los que libre y conscientemente han asumido como destino en la vida sufrir y morir por los demás, es decir, la Iglesia es la comunidad de los que viven para los demás; es así mismo, la comunidad de los que se han revestido de Cristo, reproduciendo en su vida lo que fue la vida de Jesús el Mesías.

La costumbre de bautizar a los niños desde pequeños data desde los primeros siglos de la Iglesia, pues no es posible privarlos de los efectos que el sacramento produce. El hombre nace con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, por lo que necesita el nuevo nacimiento en el Bautismo para recibir la Gracia Divina.

La celebración del Bautismo

¿Quién puede recibir el Bautismo?

- Todo ser humano, aún no bautizado, y sólo el, es capaz de recibir el Bautismo.

¿Quién lo puede administrar?

- El ministro ordinario del Bautismo es el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono.

En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, si tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia al bautizar y emplea la fórmula bautismal trinitaria.

Celebración:

El Bautismo cristiano se celebra bañando en agua al que lo recibe (bautismo por inmersión) o derramando agua por la cabeza (bautismo por infusión), mientras el ministro invoca a la Santísima Trinidad.

El rito completo consta de tres momentos:

1. Preparación

Consiste en la bendición del agua, en la renuncia de los padres y padrinos al pecado, en la profesión de fe y en una pregunta a los padres y padrinos sobre si desean que el niño sea bautizado.

2. Ablución o bautismo

Mientras el ministro baña con agua a quien se bautiza, dice: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

3. Ritos complementarios

Son la crismación (Sacramento que se recibe directamente después del Bautismo), la vestidura blanca y la entrega de la luz.

La crismación por la que el ministro unge la cabeza a cada bautizado con el santo crisma (también llamado Santo Myron), como señal de incorporación al pueblo creyente; hace la señal de la cruz en la cabeza. La Crismación es: 1. El acto culminante de la unión a la Iglesia. Es la confirmación o el sello de esa unión. 2. Es manantial de las fuerzas de la gracia que son concedidos al bautizado para el fortalecimiento y el crecimiento de la vida espiritual.

La vestidura blanca, signo de la nueva vida y dignidad del cristiano.

La entrega de la luz de Cristo expresada por una vela cuya llama ha sido tomada del cirio pascual.