Diferentes aplicaciones de la urbanidad. De la correspondencia epistolar.

Las personas elegantes escriben actualmente una gran cantidad de cartas.

Manual de Buenas Costumbres y Modales. 1.852

 

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Manual de Buenas Costumbres y Modales. Urbanidad y Buenas Maneras.

1. Las personas elegantes escriben actualmente una gran cantidad de cartas. Quienes viven de los recuerdos nos dicen que la escritura a mano es ahora un arte perdido, puesto que no se escribe mucho a mano en nuestros tiempos, sino casi todo se ejecuta en máquina, lo mismo que con la pluma fuente, saliendo bellas composiciones tanto de una como de otra manera.

Sin embargo, el uso de la máquina de escribir tienes sus limitaciones. No deben escribirse cartas de pésame en máquina, ni las invitaciones o contestaciones, pues a pesar de todo cuanto se diga en bien del modernismo, la pluma continúa aún ofreciendo un encanto innegable.

2. El papel de carta o para recados de las damas, no debe llevar rayas ni filo dorado, ni ser excéntrico o artístico. No se le debe perfumar jamás fuertemente, pero si dejar adivinar cierta fragancia, como podría resultar del contacto del papel a los sobres sobre las cosas íntimas del tocador o la alcoba de la interesada. Pero así mismo, hay que tener mucho cuidado de no descubrir artificialidad.

3. Continuamente cambian las modas en el papel de escribir. Hubo un tiempo en que aquél se usó entereamente blanco, pero ahora se acostumbra en los más variados matices, aunque el color de rosa resulta un tanto cursi. Por supuesto, el papel blanco y la tinta negra son esencia de la formalidad, y muchas mujeres no se han decidido a abandonar esta distinción.

4. El sentido común es el mejor consejero con respecto a la clase de papel que debemos usar en determinados casos. Ninguno de nosotros seríamos capaces de escribir una carta de condolencia en papel de color. El pésame se manifiesta mejor en papel blanco o color torcaz. El filo blanco en este último resulta muy elegante. Las mujeres distinguidas no emplean sino tinta negra o azul oscuro.

5. Tanto los hombres como las mujeres usan papel blanco con bordes negros para manifestar luto, aunque los cambios sociales originados por las dos últimas guerras han relajado un tanto cuanto la costumbre de emplear franjas negras demasiado anchas. La anchura de las franjas indica la estrechez de parentesco con el desaparecido.

Las viudas pueden ir disminuyendo gradualmente las franjas, hasta llegar a adoptar el gris. Muchas personas prescinden, sin desmerecer en sus personas, del luto y usan papel liso blanco.

6. Los hombres son muy parcos en su papel de escribir; blanco, crema y en algunas ocasiones gris claro. La diferencia entre los papeles de la mujer y los del hombre, es que los pliegos de aquélla son más chicos, pero en ambos casos pueden usarse sencillos o dobles.

Para las notas semi sociales, se emplea a veces el pliego sencillo, doblado en tres y acomodado en sobre oblongo. Casi nunca usa el hombre sobres cuadrados, que hasta las oficinas de correos rechazan.

7. Las cartulinas que se usaban para la correspondencia epistolar han pasado a la historia, substituyéndolas el pliego de papel. Casi nunca pudo decirse en una tarjeta todo lo que se quería, quedando pendientes muchas cosas. Además, su brevedad hacía pensar en una descortesía premeditada.

8. En el papel de escribir de uso personal, se pueden mandar grabar monogramas en la esquina superior de la izquierda. Los escudos deben ir arriba y en el centro. Los escudos no se hacen a gusto, ni se compran, y únicamente deben usarlos quienes tienen derecho a ellos. La mujer casada usa las armas paternas junto con las de su marido. La soltera usa las armas paternas en losange, sin timbre ni emblema. Estas reglas de la heráldica ya están cayendo en desuso en los países demócratas.

9. Cuando se emplea papel doble, se puede escribir en las planas siguiendo este orden: Cuando únicamente se piensa usar dos páginas, se escribe en las páginas primera y tercera, pero si el sobre es grueso, en las páginas primera y cuarta.

Cuando se van a usar las cuatro planas, se puede ir escribiendo en orden progresivo. Otros escriben en las páginas primera y cuarta, y volteando el papel prosiguen escribiendo a través en las páginas segunda y tercera. Por lo general, se puede seguir cualquier orden que no confunda al lector.

10. La fecha se puede colocar en la esquina superior de la derecha, o al terminar la carta debajo de la firma a la izquierda, pero en las cartas comerciales aparece invariablemente en la primera página. Cuando se trata de cartas familiares o invitaciones, basta con poner el mes y el día, o el día de la semana, según el caso.

11. Después de dejar sufiente espacio entra la fecha y el encabezamiento, en éste deben repetirse casi siempre el nombre del destinatario, pero ya no la dirección, porque lo que resulta propio en la correspondencia comercial, es poco elegante en sociedad y entre familiares.

12. Únicamente cuando existe una relación muy estrecha es disculpable la posdata en una carta, porque se entiende que aquélla se debe por lo general a cualesquiera de estas dos causas: olvido, o deseo de hacer destacar una expresión. Recuérdese que siempre ha sido y es de mal gusto escribir al margen de las cartas, y que cuando no se puede abreviar, es preferible emplear otro pliego de papel.

13. Las cartas se pueden doblar en cualquier forma que permita meterlas cómodamente en sus sobres. El lacre se va desterrando más y más de la correspondencia epistolar. Desde el momento que los sobres están engomados, ya no se necesita el lacre. Sin embargo, no hay ninguna regla que prohiba su empleo.

14. Las faltas gramaticales dan siempre mala idea de la educación de la persona que en éllas incurre, pero las más características de la mala educación, son las que se cometen contra las reglas de la ortografía.

15. La letra debe ser clara, y si es posible elegante. Solo las personas de poco entendimiento, son capaces de creer que puede darse importancia a una carta que va mal pergeñada, con firma ininteligible.

16. Resulta sobremanera descortés dejar de contestar oportunamente una carta, lo mismo que en contestarla por medio de un recado, sin presentar para ello una excusa legítima a la persona de quien se ha recibido dicha carta.

17. Es igualmente descortés contestar una carta al pie de la misma cuando la persona que la dirige no lo exige así expresamente. Y, para contestar una carta de naturaleza reservada, valgámonos del mismo conducto por la cual la hayamos recibido, a menos que esto no sea posible, o que la persona que nos ha escrito nos designe expresamente para hacerlo un conducto distinto.

18.Siempre que tengamos que comunicarnos con una persona a quien no podemos dirigirnos verbalmente, ya sea para cumplir con alguno de los deberes de la amistad, ya sea para tratar sobre algún negocio, ocurrimos al medio de transmitirle por escrito nuestras ideas. Y como de esto se colige que la carta hace en todas las ocasiones las veces de una visita, es necesario que aquélla represente dignamente nuestra persona, así en el lenguaje como en todas sus circunstancias materiales, revelando nuestra finura y delicadeza, la atención y el respeto que debemos a la persona a quien nos dirigimos, y nuestro conocimiento de las reglas de etiqueta.

19. Siempre que tenemos que comunicarnos con una persona a quien no podemos dirigirnos verbalmente, ya sea para cumplir con alguno de los deberes de la amistad, ya para tratar sobre algún negocio, ocurrimos al medio de transmitirle por escrito nuestras ideas. Y como de esto se sigue que una carta hace en todas ocasiones las veces de una visita, es necesario que ella represente dignamente nuestra persona, así en el lenguaje como en todas sus circunstancias, materiales, revelando nuestra finura y delicadeza, la atención y respeto que debemos a la persona a quien nos dirigimos, y nuestro conocimiento de las reglas de la etiqueta.

20. Con excepción de las cartas científicas, y de todas aquellas que versan sobre asuntos graves, las cuales admiten un estilo más o menos elevado, una carta no es otra cosa que una conversación escrita, y no debe por tanto emplearse en ella otro estilo que aquel que se emplearla en la expresión verbal de su contenido.

Más como debe suponerse que el que escribe tiene más tiempo que el que conversa para escoger las palabras y las frases, y expresar las ideas del modo más propio y más ajustado a las reglas gramaticales, el estilo en las cartas deberá ser siempre más correcto que en la conversación.

21. La extensión de las cartas familiares no puede ser limitada si no por el grado de amistad que medie entre las personas que se escriben, y la naturaleza e intensidad de los sentimientos que en ella hayan de expresarse. Más no puede decirse otro tanto con relación a las cartas de negocios, las cuales, no sólo deben contraerse exclusivamente al asunto sobre que versen, si no que no han de contener ni una sola frase que de él se aparte, o no sea indispensable para la inteligencia de las ideas que han de transmitirse.

La correspondencia mercantil tiene un estilo rápido, claro y conciso que le es enteramente peculiar, y que deben estudiar atentamente las personas que se dedican a la carrera de comercio.

22. Cuando se escribe a una persona de respeto, o con quien no se tiene ninguna confianza, no se le encarga de saludar ni dar recados a otras personas que a las de su familia, y en una carta de negocios, sea cual fuere la persona a quien se dirija, se omite todo encargo de esta especie, aún respecto de su propia familia.

23. El inferior no dará nunca al superior el título de amigo al principio de una carta, ni se despedirá al fin de ésta titulándose su amigo, sino cuando exista entre ambos una íntima confianza, añadiendo siempre en este caso alguna palabra que exprese su respeto. Si entre las personas que se escriben no media una especial amistad, el título de amigo es enteramente impropio y aún ridículo en uno u otro lugar.

24. Las faltas gramaticales dan siempre una mala idea de la educación de la persona que en ellas incurre; pero las más características de una mala educación son aquellas que se cometen contra las reglas de la ortografía.

25. La letra debe ser clara, y si es posible, elegante. Sólo las personas de poco entendimiento son capaces de creer que pueda dar importancia una mala forma de letra o una firma ininteligible.

26. El papel que ha de emplearse en una carta será tanto más fino, cuanto menor sea la confianza que se tenga con la persona a quien se escribe, o mayor la consideración y respeto que se le deba; más en ningún caso podrá emplearse un papel demasiado ordinario, pues esto sería visto como una falta de atención aún en medio de la más estrecha amistad.

27. Cuando se escribe a una persona respetable o de etiqueta, y siempre que una carta tiene por objeto el tratar sobre una materia de consecuencia, se emplea un pliego del papel llamado comúnmente papel de cartas.

En todos los demás casos puede usarse, bien de este mismo papel, o de cualquier otro más pequeño; más para las invitaciones a festines y a otras reuniones, y para las notas verbales, de que se hablará más adelante, se emplea siempre un pliego de papel del que se conoce generalmente bajo el nombre de papel de esquela.

28. La forma interior de una carta está sujeta a las reglas siguientes:

28.1. Al principio del papel y hacia el lado derecho, se pone la fecha de la carta.

28.2. En la línea siguiente y hacia el lado izquierdo, se pone el nombre de la persona a quien se escribe, precedido de la palabra Señor o Señora.

28.3. En la línea siguiente y precisamente debajo, bien que dejando algún espacio hacia la izquierda, se pone el nombre del lugar en que aquélla se encuentra, o la palabra Presente, si se halla en el lugar donde se escribe.

28.4. Dejando una línea en blanco, y un espacio más o menos ancho hacia la izquierda, se ponen las palabras Muy Señor mío, Estimado señor, Mi querido amigo, o cualesquiera otras que sean propias de las relaciones que se tengan con la persona a quien se escribe.

28.5. En la línea siguiente, y un tanto hacia la izquierda del renglón anterior, principiará el contenido de la carta.

28.6. Cuando se escribe a una persona respetable, se deja a todos los renglones del contenido de la carta un margen hacia la izquierda, más o menos ancho, según el grado de respeto que quiera manifestarse.

29. Cuando se escribe una carta en papel de esquela, la fecha y el nombre de la persona a quien se escribe, se ponen después de la firma y hacia el lado izquierdo.

30. Las cartas deben cerrarse en sobre separado, siempre que un caballero escriba a una señora, y una persona cualquiera u otra con quien no tenga confianza o a quien deba especial consideración y respeto.

31. Es sobremanera incivil el dejar de contestar oportunamente una carta, lo mismo que contestarla por medio de un recado, sin presentar para ello una excusa legítima a la persona de quien se ha recibido.

32. Es igualmente descortés el contestar una carta al pie de ella misma, cuando esto no se exige expresamente por la persona que la dirige.

33. Para contestar una carta de naturaleza reservada, valgámonos del mismo conducto por el cual la hayamos recibido; a menos que esto nos sea imposible, o que la persona que nos ha escrito nos designe expresamente para ello un conducto diferente.

34. Hay una especie de correspondencia conocida generalmente con el nombre de notas verbales, las cuales son de mucho uso entre agentes diplomáticos, entre personas de etiqueta, y aún entre personas de poca confianza, y regularmente tienen por objeto provocar una entrevista, hacer invitaciones, aceptar o rehusar las que se han recibido, o hablar, en suma, de algún asunto que por su poca entidad no exige ser tratado en una carta. Se emplea para estas notas el papel de esquelas y su forma ordinaria es la siguiente: Tal de Tal tiene el honor de presentar sus respetos (o manifiesta), etc.; poniendo al fin la fecha y omitiendo la firma.

Ver el manual completo de Antonio Carreño.