Capítulo XII. En el colegio o escuela.

Él te enseña la virtud, el forma tu corazón,y le debes atención el respeto y gratitud.

Nuevo Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, escrito en verso para la infancia. París, 1.880

 

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Dócil, amable, estudioso,
en el colegio has de estar,
y al maestro has de mirar
como a un padre cariñoso.

Él te enseña la virtud,
el forma tu corazón,
y le debes atención
el respeto y gratitud.

Él te descubre la ciencia,
él te da, mientras te guía,
por recta y segura vía
el pan de la inteligencia.

Él, de la vida en la lucha,
armas y escudo te ofrece,
sus preceptos obedece
y sus consejos escucha.

Se en la escuela siempre afable
y sumiso y obediente,
y observa constantemente
una conducta intachable.

Son tus deberes primeros
mostrarle a tu preceptor
respeto filial y amor
y afecto a tus compañeros.

Es el colegio, hijo mío,
del bien y de las ciencias templo;
no le ultrajes, dando ejemplo
de vergonzoso extravío.

Ni voces desaforadas,
ni gritos debes dar,
ni el silencio has de turbar
con ruidosas carcajadas.

Estudiando tu lección
con decorosa inquietud,
muestra siempre en tu actitud
respeto y moderación.

No ames el ocio y vagancia,
porque amarlos es torpeza;
niño que siembra pereza
solo cosecha ignorancia.

Ve tus libros cuidadoso,
pues tal vez por tu provecho
tus pobres padres han hecho
un sacrificio costoso.

No ensucies estrafalario,
la mesa o pared con tinta;
niño que paredes pinta,
se parece un presidiario.

No estés el papel doblando,
con torpes maneras rudas;
nunca la pluma sacudas
el pavimento manchando.

Cuando el maestro esté ausente,
no debes charla inquieto;
guarda decoro y respeto
cual si estuviera presente.

Si a otro niño reprendiere,
no te muestres complacido,
ni grites enfurecido
si castigo te impusiere.

Del maestro no murmures,
ni abuses de su bondad,
ni te burles de su edad,
ni sus defectos censures.

Lo que alguno te confiare,
conserva siempre secreto;
nunca cuentes indiscreto
lo que en tu casa pasare.

Si alcanza el premio otro niño,
no debes aborrecerle,
como a hermano debes verle
lleno siempre de cariño.

Que tu conduzca merezca,
alabanzas y atenciones,
y en tu porte y tus acciones
noble bondad resplandezca.

Al alejarte, hijo mío,
no hagas insufrible estruendo,
ni salgas nunca corriendo
como caballo bravío.

 

Nota

  • 2301

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