J. EL CÓDIGO DE LA CIVILIZACIÓN REFLEXIVA: Autoavuda y cuidado del Yo. V.

Autoayuda y cuidado del yo. La civilizaciópn del conocimiento.

La civilización del comportamiento. Urbanidad y buenas maneras en España desde la Baja Edad Media hasta

 

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Cada uno de estos personajes representa una actitud frente al cambio: Fisgón tiene la capacidad para detectar los cambios justo cuando se están produciendo; Escurridizo, se activa para actuar con determinación cuando los cambios tienen lugar; Hem, que se resiste suponiendo siempre que éstos conducen a situaciones negativas y Haw, que se adapta a los mismos cuando entiende que éstos van a reportarle condiciones ventajosas de futuro. La acción se desarrolla alrededor de un enorme pedazo de queso -símbolo de aquello que una persona desea alcanzar- que descubren en el laberinto y del cual parece que podrán alimentarse perpetuamente. Pero éste comienza a agotarse y ante ese cambio que se avecina cada uno de los personajes tomará opciones diversas; desde buscar antes de su fin nuevas fuentes de alimentación a confiar ilusamente en que no se agote. Como digo, su alcance ha excedido el ámbito de la empresa y a la luz de esta pequeña fábula puede interpretarse cualquier problema relacionado con el cambio vital, sentimental o laboral. Sus últimas palabras, a título conclusivo, son realmente ejemplificadoras de cuanto digo:

"El cambio ocurre (el queso no cesa de moverse). Anticípate al cambio (prepárate para cuando se mueva el queso). Controla el cambio (Olfatea el queso con frecuencia para saber cuándo se vuelve rancio). Adáptate al cambio con rapidez (Cuanto más rápidamente te olvides del queso viejo, antes podrás disfrutar del queso nuevo). Cambia (muévete con el queso). ¡Disfruta del cambio! (saborea la aventura y disfruta del sabor del queso nuevo). Prepárate para cambiar con rapidez y para disfrutarlo una y otra vez (el queso no cesa de moverse). (Johnson, 2000: 82)

Si las fronteras aparecen como elemento mínimamente problemático, sobre lo que no cabe albergar duda alguna es sobre la facilidad para surtirse como lector de publicaciones de autoayuda. El acceso a las mismas no supone ningún problema para quien estuviese interesado en ellas. Librerías de todo cuño las ofrecen así como las secciones de libros de grandes superficies y cadenas comerciales. En ocasiones suelen estar entremezclados con publicaciones de cariz académico sobre psicología o pueden constituir una sección independiente por sí misma. Las bibliotecas públicas también cuentan con ejemplares así como los fondos de las bibliotecas de facultades (Nota: En mi caso, he podido acceder a ellos a través de la Biblioteca pública de Pozuelo de Alarcón, o las Bibliotecas de la Facultad de Psicología y Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense). No es cometido de esta investigación analizar cuestiones como su difusión, perfil del lector, número de ejemplares publicados y vendidos; cuestiones que competen a un tipo de sociología de la literatura de corte empírica centrada en la recepción, producción y distribución de la obra literaria (Nota: Véanse al respecto los trabajos de Robert Escarpit y la Escuela de Burdeos: Escarpit (1971) y Escarpit (1974)). Me interesa ante todo el contenido de los textos, lo que pretenden transmitir independientemente de su acogida por el público. Lo único que sí quisiera constatar es que estamos ante publicaciones accesibles y presentes en el mercado.

La literatura de autoayuda es el material empírico del cual me sirvo para caracterizar el código de comportamiento y de regulación de las emociones que entiendo actualmente preside este momento del proceso civilizatorio español. En este sentido, la lógica de este código de comportamiento es similar a la descrita para los anteriores códigos. Entiendo que la función que desempeñan las publicaciones de autoayuda son análogas a las desempeñadas por el tipo de publicaciones que hasta ahora he venido considerando -manuales de buenas maneras y obras cortesanas sobre modos de comportarse- aunque existen una serie de diferencias sustantivas que es preciso destacar. Por funciones análogas entiendo funciones que guardan un estrecho grado de similitud si bien la forma de las publicaciones que hasta ahora venía considerando difiere en algunos aspectos de las obras de autoayuda.

Al igual que ocurría con las publicaciones anteriores, la literatura de autoayuda tiene como objetivo la regulación conductual y afectiva de la persona y sus funciones son también coincidentes. Actúa como guía orientadora del comportamiento y la afectividad y contribuye a la conformación de la identidad personal y social del individuo. Creo que, en este aspecto, la continuidad y similitud es evidente. Donde radican las diferencias es en su forma y características concretas:

- La literatura de autoayuda presenta un afán y vocación universalistas. Es un tipo de literatura encuadrado en un universo social igualitario y como tal, pretende hacer llegar sus enseñanzas a cualquier tipo de lector sin efectuar distingos en función de su rango social, ingresos, cultura... No se trata, pues, de una vocación particularista como la de la literatura cortesana. Las publicaciones de autoayuda presuponen que cada cual a partir de sus propias capacidades está en condiciones de 'ayudarse a sí mismo' poseyendo cualquier persona, en teoría, esas capacidades. Únicamente habrá de hacerlas explícitas a sí mismo y posteriormente activarlas. Aunque la pretensión universalista se resiente en órdenes sociales desigualitarios -es el caso de los manuales de buenas maneras del periodo estamental- en el caso de la literatura de autoayuda existe una concordancia entre su afán universalista y el marco social igualitario en el que se encuadra. Así pues, en cuanto a su afán y vocación, queda más cerca de los manuales sobre buenas maneras estamentales y post-estamentales que de la literatura cortesana que verse sobre maneras.

- La normatividad de la literatura de autoayuda no es tan elevada como la del resto de las publicaciones que he tratado. Si bien hasta ahora el conjunto de publicaciones analizadas establecían con meridiana claridad la diferencia entre lo adecuado y lo inadecuado impregnando esta diferencia de consideraciones morales, la literatura de autoayuda sugiere posibles vías de actuación, orienta entre cursos de acción pero nunca efectúa evaluaciones morales de la persona. Su rigidez es mínima y sustituye los interrogantes clásicos de los manuales sobre buenas maneras acerca del "¿qué debo hacer?" o "¿lo que hago está bien o mal?" por los interrogantes "¿funciona esto para mí?" o "¿me conviene esto a mí?" No estamos ante normas cerradas sino ante indicaciones susceptibles de revisión personal; tan susceptibles de revisión que hasta podría indicarse al lector que no las siga en caso de que las entendiese inadecuadas para sí.

- La sistematicidad de la literatura de autoayuda es variable. Pueden encontrarse obras con un grado de sistematización máximo, sobre todo en aquellas que reproducen en su estructura la propia estructura de una sesión de psicoterapia. Cuando no es ese el caso, consejos, técnicas o tareas se encuentran difuminadas entre la argumentación general del autor y se infieren a partir de la línea de pensamiento de éste antes que por su sistematización explícita. Téngase en cuenta que la sistematicidad es sacrificada en ocasiones en nombre de un tono sugerente, creativo y flexible puesto que la literatura de autoayuda sugiere o aconseja antes que prescribir o imponer. No tiene el sentido pedagógico de los antiguos manuales de buenas maneras porque no persigue un aprendizaje exhaustivo por parte del lector de sus consignas. Es una guía abierta que se consulta a voluntad en la que el lector puede variar según capricho el orden de la lectura de los capítulos y en la que no existen imperativos de memorización. A ese estilo abierto, sugerente y flexible contribuyen los fragmentos de narraciones, poesías y canciones que se incluyen con fines ejemplificadores o a modo de síntesis de lo expuesto.

- La literatura de autoayuda no aborda estrictamente las mismas cuestiones que los antiguos y nuevos manuales de buenas maneras. Si aquéllos se centraban preferentemente en la conversación, la vestimenta, el saludo, la comida, el trato, la higiene, el aseo o en la regulación de las necesidades fisiológicas, la literatura de autoayuda no se ocupa de aspectos tan visibles del comportamiento y el gobierno de los impulsos sino que abordan cuestiones relativas al mundo psíquico de la persona: la integración de las emociones en el comportamiento, la eliminación de focos de infelicidad y malestar psicológicos, el autorrespeto, la lucha frente a la desaprobación o la inseguridad, el logro de la autodependencia psíquica, la aceptación del propio carácter o la gestión de las crisis y los cambios. Esto es, son cuestiones de cariz psicológico en consonancia con un estadio de informalización e individualización.

- La literatura de autoayuda es la mayoría de las veces obra de autores con un marcado carácter técnico-profesional; esto es, se trata de especialistas (psicólogos, terapeutas, psiquiatras, psicoanalistas, médicos.) que se legitiman en razón de su saber y su experiencia.

Así pues, entiendo que los manuales de autoayuda desempeñan funciones análogas y presentan características afines a las de los manuales tradicionales de buenas maneras. Es obvio que no puede establecerse una equivalencia exacta pero la similitud entiendo que es evidente. Como señala Giddens, los manuales de autoayuda son textos de nuestro tiempo en la misma medida que lo eran los manuales de buenas maneras medievales, renacentistas o barrocos analizados por Norbert Elias (Giddens, 1995:43).