El ceremonial borgoñón en la corte del príncipe Felipe p.II

La Casa del Rey tenía tres jefes máximos: el mayordomo mayor, el sumiller de corps y el caballerizo mayor

Alma Mater, Nº 16, 1.999

 

Ceremonial Borgoñón. La corte del príncipe Felipe y el ceremonial borgoñón. Felipe II protocolo.org

La corte del príncipe Felipe y el ceremonial borgoñón

Estructura de la Casa Real

La asistencia al monarca estaba articulada en cuatro dependencias: la Casa Real propiamente dicha, dirigida por el mayordomo mayor, encargado de la administración, alimentación y alojamiento del monarca, la familia real y todos los criados a su servicio; la Cámara Real, cuyo jefe máximo era el sumiller de corps, encargado del servicio personal del monarca; la Real Caballeriza, encabezada por el caballerizo mayor, encargado del transporte y, finalmente, la Real Capilla, a cuyo frente se situaba el limosnero mayor, también conocido como Patriarca de Indias, dedicado a supervisar todo lo referente al servicio religioso en el Alcázar, puesto de gran trascendencia, pues no en vano el Patriarca de Indias dirigía la vida religiosa del principal monarca de la Cristiandad, el Rey Católico por excelencia.

La Casa del Rey tenía tres jefes máximos: el mayordomo mayor, el sumiller de corps y el caballerizo mayor, que controlaban todos los aspectos de Palacio, cada uno en sus atribuciones particulares, con la importancia que el Palacio Real tiene en una monarquía personal. No es de extrañar que estos cargos palaciegos fueran rápidamente monopolizados por aquellos que querían tener una influencia decisiva sobre el monarca, los validos, controlando el círculo más íntimo del rey, y haciéndole inaccesible para todo aquel que no fuera de su agrado (Sobre este punto es interesante la visión ofrecida por FEROS, Antonio. «Lerma y Olivares: la práctica del valimiento en la primera mitad del seiscientos». En: J. ELLIOTT (dir.). La España del Conde Duque de Olivares: Encuentro Internacional sobre la España del Conde Duque de Olivares celebrado en Toro los días 15-18 de septiembre de 1987. Valladolid, Secretariado de Publicaciones, Universidad, 1990, pp. 197-224).

El mayordomo mayor era el cargo de máxima responsabilidad en Palacio, con atribuciones supremas, y nombrado directamente por el rey. A su cargo estaban los llamados Oficios de la Casa Real, encargados de la restauración, mantenimiento, sanidad y seguridad palaciega, a cargo de las guardias reales.

La administración de toda la Real Casa corría a cargo de una dependencia denominada Bureo. Este órgano administrativo estaba formado por el mayordomo mayor, los cuatro mayordomos semaneros (Llamados así porque tenían por misión servir cada uno una semana del mes en Palacio, ininterrumpidamente, para subsanar cualquier contingencia, así como para sustituir al Mayordomo Mayor en sus ausencias), el maestro de cámara (El maestro de la cámara era el tesorero real, encargado de la cobranza del dinero librado para la despensa, salarios de criados y otros efectos del servicio real. BNM, Mss. 7011, ff. 34-35), el contralor ( el contralor, también denominado veedor, se encargaba de visitar cada día todos los oficios para reconocer su perfecto funcionamiento. Comprobaba lo suministrado por los proveedores. Debía controlar la perfecta elaboración de las viandas que iba a comer el monarca. Por sus manos pasaban todas las compras, que debían ser autorizadas por él, tasando los precios más adecuados. Repartía los ordinarios de cada mes y controlaba todo lo que había presente en el Guardajoyas. Tenía un libro duplicado con el grefier donde estaban los inventarios de todo lo que se entregaba a cada oficio para el servicio real. Tenía capacidad de ordenar determinadas entregas a los oficios cuando no estuviese presente el mayordomo semanero. Revisaba las cuentas de todos los oficios de la Casa Real y luego las presentaba en el Bureo. Doc. cit. en (16), ff. 35 vº-40), y el grefier (El grefier era el encargado de llevar anotados todos los datos de interés para la administración de la Real Casa. Así, debía tener anotados: el asentamiento de criados de la Real Casa en los correspondientes libros, donde tenía que constar el nombre y oficio del criado, día de juramento, gajes, ración y emolumentos; pagos a los criados; los gastos ordinarios y extraordinarios de los Oficios de Boca; las cuentas y relación de todos los mercaderes y proveedores de la Real Casa, así como las órdenes, decretos y cédulas relacionadas con su gobierno.

Además era el encargado de enviar todas las consultas que se acordasen en el Bureo, así como los decretos, autos de justicia, ordenanzas y sentencias. Doc. cit. en (16), ff. 41-46). Este tribunal carecía de jurisdicción civil y criminal, sólo la tenía sobre asuntos económicos y políticos, es decir, sobre las faltas en el real servicio y delitos cometidos en el desempeño de los diversos cargos (El Bureo se reunía los lunes y viernes en dependencias propias que tenían habilitadas dentro del Alcázar. Los lunes se dedicaban a examinar los libros, cuentas y gastos de la Casa, Cámara y Caballerizas. Los viernes se destinaban a materia de gobierno y justicia de la Real Casa).

El sumiller de corps era el encargado máximo de la Real Cámara. Durante el reinado del emperador Carlos, la Cámara Real estaba gobernada por el camarero mayor, que tenía preferencia sobre el mayordomo mayor, pero en los reinados posteriores este cargo cayó en desuso, ganando preferencias el de mayordomo mayor. Dentro de las atribuciones del sumiller de corps estaban todos aquellos oficios relacionados con la atención personal del monarca: su aseo y vestido diario, así como la asistencia a cualquier problema de salud, controlado por los médicos de cámara y los boticarios reales. Desde 1649 la figura del sumiller de corps cobra un mayor protagonismo, sobre todo en los aspectos sanitarios estudiados en este trabajo.

Todos los oficios que hemos visto para el rey se duplicaban para la reina y, cuando los príncipes e infantes reales adquirían la edad suficiente, también se multiplicaban para ellos.

La etiqueta borgoñona para la Casa de la Reina no se impuso hasta el reinado de Felipe II. Su madre, la emperatriz Isabel de Portugal, durante los trece años de reinado, siguió los modos y costumbres portugueses.

Las primeras etiquetas para el gobierno de la casa de una reina no aparecen hasta 1575, cuando Felipe II las dicta para su cuarta esposa, Ana de Austria («Hordenanzas y Etiquetas que el Rey nuestro Señor Don Phelipe Segundo, Rey de las Españas, mandó se guardasen por los criados y criadas de la Real Casa de la Reina Nuestra Señora. Dadas en treinta y uno de diciembre de Mil y Quinientos y Setenta y Cinco años y refrendadas por su Secretario de Estado Martín de Gaztelu». AGP. sec. hist. caja 50), si bien este protocolo ya se seguía desde el momento en que se estableció la Casa de esta reina, en 1570. Estas disposiciones fueron refrendadas para la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, en 1603 y para Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, en 1640 («Etiquetas de la Casa de la Reina Margarita de Austria, dadas en Valladolid en 9.VIII.1603 y confirmadas en 1640 por la camarera de Isabel de Borbón, Condesa de Olivares». BNM, Mss. 1007).

La Casa de la Reina tenía idéntica estructura a la del Rey, sólo se diferenciaba en la Cámara Real. Ésta estaba dirigida por la camarera mayor, que tenía a su cargo a toda una serie de mujeres encargadas del servicio personal de la reina, desde su acompañamiento (damas de honor, dueñas de honor y damas) hasta encargadas de su aseo, vestimenta y limpieza de su cuarto.

Asistencia sanitaria de la Corte Española

Entre los numerosos oficios encargados de atender al monarca en todas sus necesidades, nos encontramos con los destinados a cubrir los aspectos sanitarios. La institucionalización de los servicios sanitarios reales en la corte madrileña se produce durante el reinado de Felipe II (las disposiciones iniciales de Carlos I en materia sanitaria sólo hacen referencia a la existencia de médicos de cámara y boticarios reales). Será este monarca quién incluya, dentro del organigrama de la Casa Real, los diversos oficios sanitarios que van a perdurar durante los siglos XVI y XVII (Destaca el interés mostrado por este monarca en materia sanitaria. A lo largo de su reinado reformó el Real Tribunal del Protomedicato, dictó normas que regulasen la práctica de diversas profesiones sanitarias, fundó numerosos hospitales reales y se preocupó de que los trabajadores empleados a su servicio recibiesen una atención sanitaria esmerada. Tampoco debe ser olvidada su labor como mecenas de las ciencias, estudiada más detalladamente en obras como la de David GOODMAN. Poder y penuria. Gobierno, tecnología y ciencia en la España de Felipe II. Madrid: Alianza Universidad, 1988 y Francisco Javier CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA (dir.). La ciencia en el Monasterio de El Escorial. Madrid: EDES, 1993). La corte española contará con un servicio médico y un servicio farmacéutico jerárquicamente estructurados.

Asistencia médica

La asistencia médica al monarca, su familia y todos los criados de su casa estaba encomendada a una serie de profesionales, ordenados jerárquicamente en: médicos de cámara, médicos de familia, cirujanos, sangradores y sangradores del común. De entre los médicos de cámara y de familia se escogían las personas que conformaban el Tribunal del Protomedicato. Éste estaba formado por seis médicos: tres protomédicos y tres examinadores. Estos últimos eran reclutados de entre los médicos de familia, mientras que los protomédicos eran, todos ellos, médicos de cámara.

Todo el Tribunal emanaba del colectivo de los médicos reales y reproducía su estructura estamental, en la que existían claras diferencias entre el estrato inferior de los examinadores y el superior de los protomédicos. Los examinadores se encargaban de la realización de los exámenes para habilitar en el ejercicio médico y farmacéutico. Los nombramientos tenían validez por dos años. Dado este carácter bianual, se establecía una rotación de nombramientos entre los médicos de familia, que permitía mantener abierta la expectativa de acumulación de méritos para una posterior promoción. El cargo de protomédico era vitalicio. La sucesión se hacía por orden de antigüedad entre el grupo de los médicos de cámara (PARDO TOMÁS, op. cit. en (25), pp. 67-72).

 

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