Persona educada, persona formada: los estudios.

Todo cuanto aprendas procura aprenderlo con cuanta más profundidad te sea posible. Los estudios superficiales producen casi siempre hombres medianos y presuntuosos.

De los deberes de un hombre.

 

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Persona educada, persona formada: los estudios.

Puesto que te es posible, te es obligación sagrada cultivar tu ingenio. Te harás mas apto para honrar a Dios, a la patria, a tus padres, a tus amigos.

El delirio de Rousseau, que dice que "el salvaje es el más feliz de los mortales, que la ignorancia es preferible al saber ", ha sido desmentido por la experiencia. Todos los viajeros han encontrado infelicísimo al salvaje; todos nosotros vemos que puede ser bueno el ignorante, pero que puede serlo con más excelencia el instruido.

El saber solo es dañoso cuando se le junta el orgullo. Júntesele la humildad, y entonces inclina al alma a amar más altamente a Dios, a amar más altamente al humano linaje.

Todo cuanto aprendas procura aprenderlo con cuanta más profundidad te sea posible. Los estudios superficiales producen casi siempre hombres medianos y presuntuosos; hombres sabedores en secreto de su nulidad, que adoptan el recurso de reunirse con sus iguales para gritar al mundo que son grandes, y que los verdaderamente grandes son pequeños. De aquí las perpetuas guerras de los pedantes contra las altas inteligencias, y de los vanos declamadores contra los buenos filósofos. De aquí el capricho que suele tomar la muchedumbre de venerar al que más grita y menos sabe.

No carece nuestro siglo de hombres de saber egregio; pero abundan lastimosamente los superficiales. Ten a menos el ser de ese número. Tenlo a menos, no por vanidad, sino por sentimiento de deber, por amor a la patria, por magnánima estimación del espíritu humano que el Criador te ha dado.

Si no puedes hacerte profundo en muchos ramos de estudio, recorre algunos ligeramente, a fin de adquirir únicamente aquellas ideas que no es lícito ignorar; pera elige uno de esos ramos, y dirige a él con todo vigor tus facultades, en especial la voluntad, para no quedar detrás de nadie.

Muy bueno es además este consejo de Séneca: "¿Quieres que los estudios te dejen huellas duraderas? Limítate a algunos autores llenos de sabias ideas, y nútrete con su sustancia. Estar en todas las cosas equivale a no estar en ninguna. Una vida pasada en viajes hace conocer muchos huéspedes y pocos amigos. Asi sucede con aquellos precipitados que sin predilección por ningún libro devoran infinitos".

Cualquiera que sea el estudio a que mayormente te aficiones, guárdate de un vicio muy común; el de hacerte tan exclusivo admirador de tu ciencia, que desprecies las ciencias a que no has podido aplicarte.

Las triviales chanzonetas de algunos poetas contra la prosa, de algunos pro-sadores contra la poesía, de los naturalistas contra los metafísicos, de los matemáticos contra los no matemáticos y viceversa, son puerilidades. Todas las ciencias, todas las artes, todos los modos de hallar y hacer sentir lo verdadero y lo bello tienen derecho a los homenajes de la sociedad, y principalmente del hombre culto.

No es verdad que se excluyan la poesía y las cienciais exactas. Buffon fue un gran naturalista, y su estilo resplandece animado de portentoso fuego poético. Mascheroni era buen poeta y buen matemático.

Cultivando la poesía y otras ciencias de lo bello, cuida de no quitar a tu entendimiento la capacidad de fijarse fríamente; sobre cómputos y lógicas meditaciones. Si el águila dijera: "Mi naturaleza es volar; no puedo considerar a las cosas sino volando", seria ridicula. Muchas puede considerar muy bien con las alas cerradas.

Así también, por el contrario, la frialdad que de sí exigen los estudios de observación no te acostumbre a creer perfecto al hombre cuando ha amortiguado en sí la luz de la fantasía, cuando ha extinguido el sentimiento poético. Este sentimiento, cuando está bien regulado, en vez de debilitar la razón, la refuerza en ciertos casos.

En los estudios, como en la política, desconfía de las facciones y de sus sistemas. Examínalos para conocerlos, compararlos con otros y juzgar; no para ser esclavo de ellos, ¿Qué significaron las porfías entre los alabadores y vituperadores de Aristóteles, de Platón y de otros filósofos? ¿En qué pararon las contiendas entre los elogiadores y los despreciadores del Ariosto y del Tasso? Los idolatrados y menospreciados maestros se quedaron como eran; ni divinidades ni medianías; los que tanto se agitaron para pesarlos en falsas balanzas fueron motivo de risa, y el mundo, a quien atolondraron, nada aprendió.

En todos los estudios que hagas procura unir el discernimiento a la agudeza, la paciencia del análisis a la fuerza de la síntesis, pero principalmente la voluntad de no acobardarte con los obstáculos, ni de ensoberbecerte con los triunfos; es decir, el deseo de iluminarte del modo permitido por Dios; con brío, pero sin arrogancia.

 

Nota

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