Civilidad cortesana. Convención y conveniencia

Los preceptos de civilidad se ponen al servicio de las relaciones entre personas según su rango, prestigio y autoridad; las normas de urbanidad resultan así una de las formas de expresión más nítidas...

AUFOP. VIII Congreso de Formación del Profesorado.

 

Civilidad cortesana. Convención y conveniencia. El individualismo anticonvencional foto base cegoh - Pixabay

Convención y conveniencia. El individualismo anticonvencional

2.4. Civilidad cortesana

El Cortesano, de Baltasar Castiglione, ofrece una versión de la civilidad muy alejada de la erasmiana; más que un código de buenas maneras es un directorio de cómo respetar las diferentes condiciones sociales y las distancias. Los preceptos de civilidad se ponen al servicio de las relaciones entre personas según su rango, prestigio y autoridad; las normas de urbanidad resultan así una de las formas de expresión más nítidas de cómo una sociedad refleja su sistema de jerarquías en el modo de actuar de sus actores. De otro lado, los cortesanos son, por antonomasia, los profesionales del trato mundano; la corrección la detenta únicamente un grupo cerrado que es el único dueño de los criterios de perfección (REVEL, 1985).

Los códigos de seducción social de esta concepción, cortesana y burguesa, de la civilidad terminarán por parecer no solamente prescindibles sino que incluso llegarán a despertar la reacción colérica de quienes ven en la cortesía un modo pervertido de comunicación social. En 1968, por ejemplo, se recurre a la descortesía para dejarse oír y escandalizar a los burgueses; la forma más expresiva de manifestar la rebelión era mediante la falta de cortesía: se hacía por una causajusta, para eliminar toda hipocresía.

2.5. Convención y conveniencia

La sociedad sanciona fuertemente a quienes se desvían, o se muestran poco celosos, de las convenciones. Parece que la transgresión a una convención debería ser más admisible, más disculpable, que una transgresión moral; pero no siempre es así. Al revés, la reacción grupal es frecuentemente muy dura respecto a los anticonvencionales. Y la razón es precisamente que las convenciones surgen en el interior de un grupo y representan a ese grupo. Lo que no se le perdona fácilmente a la anticonvencionalidad es el distanciamiento, el desapego, la falta de entusiasmo... por el grupo.

Por ello mismo se entiende la dimensión prudencial del respeto a lo convencional. Ese respeto resulta eficaz, beneficioso para el logro de ciertos objetivos sociales. De ahí también que los buenos modales tienen que ver con las habilidades sociales que permiten la fluidez en las interacciones sociales.

2.6. El individualismo anticonvencional

Desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX se generaliza un cierto relativismo respecto a los códigos de civilidad, al menos, en una doble dirección. De un lado, se plantea la duda de si existe, y debe existir, un único código universal o si más bien todo código no deja de ser sino uno entre otros posibles; de otro, se reclama un cierto margen de discrecionalidad en su uso: seguir los códigos, decía MONTAIGNE, pero no con tan gran servilismo que lleguen a constreñir la vida.

¿Por qué decir "encantado de la vida" si estás muy disgustado?

Más radical es aún la crítica que esgrime en su contra el carácter acartonado y forzado de las normas de urbanidad y cortesía que terminan por asfixiar la espontaneidad y autenticidad de las relaciones. ¿Por qué decir "encantado de la vida" si estás muy disgustado? La búsqueda de congruencia entre los sentimientos humanos más viscerales y su reconocimiento consciente es una de las recomendaciones terapéuticas más en boga de la psicología reciente frente a la cual la parafernalia de la cortesía parece introducir una inútil complejidad. De otro lado, la manera más eficaz de conseguir que decaigan prescripciones anticuadas y que las relaciones entre personas se vuelvan menos tensas puede exigir la adopción de determinados comportamientos por más que hieran a terceras personas y ser en realidad auténticas descortesías.

3. Pautas universales en la comprensión de las convenciones

Comprender el sentido de la organización social, o la función que las convenciones y la cortesía juegan en la vida social, no sólo no resulta, por lo que acabamos de ver, obvio y unívoco sino que probablemente exija un cierto desarrollo cognitivo.

TURIEL (1983) sostiene que las ideas de las personas sobre la cortesía y los buenos modales experimentan sucesivas reorganizaciones evolutivas, en fases de rechazo y aceptación, que culminan en la comprensión de que las convenciones sociales facilitan las interacciones en la vida social. Recientemente (WAINRYB, 1991; WAINRYB y TURIEL, 1993) se ha postulado, para comprender cómo se organiza el conocimiento social, la necesidad de considerar cómo se combina el conocimiento prescriptivo sobre "lo que debe hacerse" con los conocimientos informativos (históricos, ideológicos...) sobre la realidad. Desde esta perspectiva de los dominios del conocimiento social (Goñi, en prensa) se viene analizando fructíferamente el razonamiento sobre diversas problemáticas sociales.

Pero los estudios de Turiel sobre la comprensión de las convenciones ni han sido replicados ni se ha revisado el posible papel que la interacción entre conocimiento informativo y conocimiento prescriptivo ejerce en la comprensión de las convenciones sociales. Y, sin embargo, en esa dirección podría mejorarse, a nuestro juicio, el modelo explicativo de cómo se razona sobre las convenciones sociales sobre todo porque, tal como a continuación se indica, no nos parece que las tesis constructivistas sean incompatibles con las del conocimiento social culturalmente mediado.

4. Constructivismo y mediación cultural

Las personas construímos teorías sobre la realidad social pero una tal actividad constructivista es impensable al margen de mediaciones culturales. Si se distingue entre estructura y contenidos del conocimiento, cabe sostener que mientras la organización del pensamiento se ajusta a pautas de desarrollo universales los contenidos pueden variar en función de diversas concepciones históricas, filosóficas o ideológicas.

Por lo que atañe a la comprensión de la civilidad habremos de decir, en consecuencia, que admite diversas versiones de similar nivel de estructuración formal; no tiene por qué culminar en un determinado estadio de rango universal dado que, lo hemos visto, históricamente se han sostenido ideas bastante divergentes sobre las convenciones y los modales. Puede no haber superioridad en sostener que la cortesía se apoya en acuerdos modificables o que facilita la convivencia, que favorece el respeto moral o que, por el contrario, contribuye a consolidar discriminaciones inaceptables, inadecuadas, anticuadas o incluso perversas. La sensibilidad de cada persona hacia una u otra de estas versiones, de otro lado, es de suponer que se haya visto afectada por mediaciones culturales.

"Los buenos modales tienen que ver con las habilidades sociales que permiten la fluidez en las interacciones sociales"

Ahora bien, cabe esperar que las dimensiones estructurales del conocimiento se ajusten a características más transculturales y/o universales entre las que cabe indicar:

a. una concepción más bien opaca del papel de la civilidad durante los primeros estadios del desarrollo cognitivo;

b. progresión evolutiva en la capacidad de contemplar a la vez un mayor número de aspectos;

c. incremento con la edad del relativismo crítico y de la flexibilidad en el uso de las convenciones sociales.

Ahora bien, la validez de esta propuesta que acabamos de esbozar no cuenta, por el momento, con corroboración empírica; dicho de otra forma, no deja de ser una hipótesis plausible de cómo se organiza el conocimiento humano. Lo que procede ahora es observar si lo que personas de diferente edad opinan sobre la cortesía se ajusta a tales previsiones.