Protocolo Vaticano: "Habemus Papam"

La posibilidad de renuncia, y sus supuestos, no está regulada en ninguna norma. Pero está claro el Papa dispone de plena libertad para hacerlo, como así ha sido

Técnicos en la Administración Local y Central, repectivamente.

 

Habemus Papam. El papa Benedicto XVI foto base Wengen - Pixabay
 

Habemus Papam: un nuevo papa ha sido elegido

La reciente, e inesperada renuncia de su Santidad Benedicto XVI, nos abre la oportunidad de conocer el rico protocolo religioso, en lo que se refiere a este aspecto nada corriente. Hay que partir de la base que el Papa ostenta no sólo poder religioso, sino que también es el Jefe del Estado del Vaticano.

La posibilidad de renuncia, y sus supuestos, no está regulada en ninguna norma. Pero está claro el papa dispone de plena libertad para hacerlo, como así ha sido. Cabe entender, que al no existir ningún poder por encima del suyo, nadie tiene que aceptar esta renuncia. Será el Colegio Cardenalicio quien recibirá la comunicación.

En cuanto a la nueva elección de Pontifice, Juan Pablo IIredactó en 1996 el documento titulado " Universi Dominici Gregis " (De todo el rebaño del Señor) en forma de Constitución Apostólica, donde se regula la sede vacante y elección de Papa, modificando la anterior.

Según estas normas, los cardenales electores, no podrán utilizar el teléfono móvil -celular durante el Cónclave, que continuará celebrándose en la Capilla Sixtina. Hasta ella, serán transportados (es la palabra usada por el texto) los cardenales desde la Casa de Santa Marta, un edificio interior dentro del Vaticano, junto a la Basílica de San Pedro, donde se alojaran, si bien no señala el medio de trasporte que será utilizado. Sí detalla la Constitución que nadie debe acercárseles durante el traslado, para mantener el secreto. Se realizarán controles para impedir la instalación de medios de grabación y transmisión.

El término cónclave que provine de latín Cum clave (bajo llave) ya indica las especiales condiciones para guardar bajo riguroso secreto todo cuando suceda.

Los cardenales entrarán en la Capilla Sixtina invocando al Espíritu Santo mediante el "Veni Creator", y jurarán uno a uno, sobre los Evangelios, cumplir la Constitución Apostólica, así como el secreto de todo lo relacionado con la elección del nuevo Papa. El secreto se extiende no sólo al momento de la celebración del cónclave sino también a momentos posteriores.

En cuanto a la forma de elección del Pontífice, la norma del papa Wojtyla introduce una novedad importante. Será por escrutinio secreto, realizado por mayoría de dos tercios de los cardenales electores. Se podrá añadir un voto, si el número de electores no puede dividirse en tres partes iguales. Estos serán 120 y menores de 80 años. La novedad radica en que se suprimieron otras dos formas de elección: la aclamación y el compromiso.

El mayor cambio consiste, sin embargo, en que durante los 10 días primeros del conclave, los treinta primeros escrutinios, el Papa electo sólo necesita la mayoría de dos tercios. Después basta la mayoría absoluta.

La Constitución Apostólica explica qué hacer cuando fallece el Papa. En las actuales circunstancias de renuncia de un Papa, y ante el vacío legal existente, será de plena aplicación. El cónclave debe comenzar entre 15 y 20 días desde la muerte.

Todos los Cardenales están obligados a asistir, salvo enfermedad o motivo grave reconocido por el Colegio Cardenalicio. Se cuidará en extremo el secreto de las deliberaciones. No obstante se permite el acceso al cónclave del Secretario del Colegio Cardenalicio, que actuará como secretario. También se permite el acceso de personas ajenas al Colegio Cardenalicio como pueden ser médicos, personal de limpieza y comedor, religioso de varias lenguas para las confesiones... Todos ellos deberán prestar juramento de secreto absoluto bajo pena de excomunión.

El escrutinio tiene tres momentos destacados: el primero es la entrega de las papeletas, que fueron diseñadas por Pablo VI. En ellas, se escribirá un solo nombre, con letra clara, mayúscula e impersonales para no identificar al elector. Las papeletas se depositan en un cáliz, previa plegaria. El segundo momento o fase es el recuento, se agitará el cáliz, para alterar el orden en que se han depositado y, a continuación, se cuentan. La última fase es donde se comprueba si algún cardenal ha alcanzado los dos tercios necesarios. Existen unos revisores que supervisan el trabajo.

Al final, se queman todas las papeletas juntas. Son las conocidas fumatas, dos diarias, el color negro indica que no se ha elegido Papa, el blanco indica el fin de la elección.

Las normas prevén que cada tres días, exista uno de descanso. Este día se dedica a la oración reanudándose, a continuación, las votaciones. Tras siete escrutinios más, habrá otro día de descanso. Si tras cuatro rondas no se ha elegido Papa, se procederá a elegir al nuevo Papa mediante una votación abierta por mayoría absoluta (mitad más uno de los presentes) o cerrada entre los dos candidatos más votados.

Una vez que el elegido acepte, se le considera Papa a todos los efectos y se realizará en anuncio al mundo por el cardenal de más edad, el protodiácono. Será con la mundialmente conocida frase "Habemus Papam".

 

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