El arte de la cortesía y los buenos modales.

Algunas personas piensan que las normas de cortesía son muy complicadas y prefieren seguir el camino más fácil y sencillo, lo que generalmente se traduce en groserías y mala educación.

La Estrella de Panamá

 

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La cortesía es el motor de la personalidad de cada individuo.

Algunas personas piensan que las normas de cortesía son muy complicadas y prefieren seguir el camino más fácil y sencillo, lo que generalmente se traduce en groserías y mala educación.

¿Por qué pasa esto? En ciertos casos porque no les importa, pero la mayoría de las veces por ignorancia. Conocer las normas mínimas de protocolo podría sacarle de muchos apuros y ayudarle a quedar bien en todos los momentos de su vida.

Según el diccionario de la Real Academia, protocolo es "la regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre". En palabras más sencillas, es "el arte de hacer bien las cosas siguiendo ciertos patrones de conducta o normas establecidas".

Quienes creen que el protocolo es algo muy riguroso y un poco anticuado tienen algo de razón hasta cierto punto, pero deben saber que el protocolo también tiene que ver con todos los ámbitos en donde se actúa, desde saber cómo comportarse en un evento social hasta cómo redactar una invitación, cómo hablar en público o cómo desenvolverse en una cultura diferente, cómo pedir un favor y cómo agradecerlo, cómo saludar a los demás, aunque no sean de su agrado, porque las buenas maneras no la evidencian quienes la reciben, sino quienes la dan.

Hay una estrecha relación entre el protocolo, la educación y las buenas costumbres, que comenzó a tener gran importancia con la aparición de la Corte, cuando era muy delicado para la nobleza el trato ante el Rey, demostrando la diferencia social con el pueblo.

Dichas costumbres fueron evolucionando hasta nuestros días y siguen vigentes, pues aunque las reverencias, uso del sombrero y el beso de mano pasaron de moda, la buena educación, la cortesía y las buenas maneras siempre deben estar presentes.

A donde fueres, haz lo que vieres.

Cada cultura tiene sus propias normas de conducta, y obviarlas puede ocasionar disgustos o una mala percepción a sus anfitriones o invitados.

Por ejemplo, en Rusia los hombres se saludan dándose un beso, práctica que en nuestro medio solo se emplea entre mujeres; los esquimales lo hacen frotándose la nariz, y los japoneses se inclinan en una reverencia que será mayor mientras más elevado sea el rango de la persona a la que saludan.

No importa cómo se haga, lo cierto es que nuestra educación queda demostrada por la manera como tratamos a los demás y cómo nos conducimos en la vida diaria.

Tratar a todos con cortesía, sin distingos de ninguna clase, dar los buenos días o contestarlos, pedir las cosas por favor y luego dar las gracias son costumbres sencillas, básicas y necesarias.

No hacerlo, contrario a lo que muchos creen, lo convertirá en una persona sin educación... sin "clase".

No olvide nunca que lo cortés no quita lo "in".

 

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