Las Buenas Maneras del Amor.

Las insólitas, pero siempre atildadas, confesiones románticas de Frieda Holler, reina y señora de la etiqueta.

Revista Caretas - caretas.com.pe.

 

Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

Asir una tacita de café o de té que le acaban de servir y llevársela a la boca extendiendo el dedo meñique, lo cual se ve por doquier, es, no hay que dudarlo, una señal impostada de elegancia y urbanidad malentendidas, de falta de naturalidad y saber estar. Por eso Frieda Holler (65), con mucho acierto, y con el objeto de que el lector detecte el contenido de sus libros y columnas periodísticas ha empleado la frase "ese dedo meñique" como aquello que es deliberadamente cursi y que atenta contra las normas de la buena educación y el saber ser y estar en sociedad. Y que no me digan que en nombre de la libertad uno puede hacer lo que quiera, ya que los pobres de solemnidad cogen su tazón de leche de forma correcta y solo aquellos que quieren ser más de lo que son, sin serlo, los innumerables "huachafos", extienden su dedo meñique.

Hemos quedado citados en el restaurante Costa Verde y, por ser ella una especialista en el tema de la urbanidad, pienso que habré de estar ojo avizor a cumplir con exactitud las reglas sociales. Llega ella, elegante para lo que se trata (un almuerzo con sobremesa larga), radiante, sonriente, segura de sí misma y guapa, porque es indudable que a sus 65 años "le gusta gustar". Me levanto y como no la conozco le beso la mano (su sonrisa se ensancha más) y le pido permiso para usar mi sombrero, ya que he estado operado de cáncer de piel en la cabeza y los rayos ultravioleta son mis enemigos mortales hasta muy entrada la noche. Ella me dice que siempre usa bloqueador solar incluso en invierno, al igual que yo. Hacemos un pacto firme, al cual ella amablemente accede, de no extender la conversación en temas de educación y buenos modales que son el "leit motive" de su trabajo y su vida, que no hablemos de la "res cisoria" o arte antiquísimo del uso del cuchillo y tenedor y sus derivaciones y extensiones hasta el día de hoy, y nos dediquemos a sondear en esa Frieda Holler que la gente no conoce, las fases íntimas de su vida, sus vivencias, su esencialidad como mujer. " Soy muy sincera, le acepto a usted el reto, adelante, pregunte lo que quiera ". Y yo pregunto.

Hacemos un pacto firme, al cual ella amablemente accede, de no extender la conversación en temas de educación y buenos modales que son el "leit motive" de su trabajo y su vida.

El apellido Holler es alemán, supongo. Cuénteme de sus ancestros aquí en el Perú.

Soy un cóctel de italianos y alemanes. Mi padre, Otto Holler Wieland, era hijo de alemanes y mi madre, Yolanda Figallo Mazzetti, hija de italianos. Soy peruana. Pertenezco a una clase media digamos que acomodada, ya que mis padres eran hacendados. Mis primeros recuerdos están unidos a las haciendas Constancia y Rumichaca en Lircay (Huancavelica). Allí aprendí a ordeñar vacas, a hacer una estupenda mantequilla que fabricaban y vendían en todo el Perú con el nombre de Luxus. Jugaba, hacía saltar y rebotar piedras planas en el río, aprendí a leer leyendo los cuentos de Naricita y fui a la escuela que montaron mis padres en la hacienda para todos los niños de la gente que trabajaba allí, aprendiendo a leer y escribir.

¿Pudo hacer allí sus estudios de primaria? ¿Estaban reconocidos?

No. La primaria y la secundaria las hice en Lima en el Colegio San Silvestre, viviendo yo entonces con mi abuela Mamami que aparece en mis libros. Recuerdo que en el colegio era muy amiguera y sociable y tenía reuniones con amigas sobre todo en casa de mi abuela. El próximo año cumpliré 50 años de egresada del colegio.

¿Su primer beso? Tenemos un pacto de sinceridad.

La verdad y toda la verdad, aunque lo que yo le diga ahora no sea demasiado entendible con la mentalidad actual tan adicta al sexo. A los 12 años yo era súper desarrollada (sic). Era esa época en que las niñas usábamos medias cubanas (blancas hasta la mitad de la pantorrilla) y yo ya usaba medias de nylon. Él tenía moto y, no se escandalice, tenía 20 años y nuestras madres eran amigas. Yo me pegaba mis escapadas con él sin que nadie lo supiera y nos íbamos a patinar al parque Salazar. A él le di el primero, segundo y equis besos, pero solo besos, besos lindos, románticos, de película, y es que en aquella época existían otros valores que hoy no son tenidos en cuenta. Había respeto. Yo no admitía nada de lo que hoy es normal pero para mí entonces era sucio, como toqueteos, etc. Cuestión de educación.

Imagino que educación de mentalidad teutona, libre y muy estricta a un tiempo. La creo. Usted simplemente había aprendido a ponerle coto a sus relaciones y a defenderse y huir ante el sexo específico.

Éramos niñas alegres y yo especialmente romántica. Recuerdo que entre los 12 y 14 años nos íbamos a las matines de los cines Roma, Arequipa, Azul, Orrantia, Premier y Ambassador. Y nos íbamos en grupo, chicos y chicas, en patota y a veces nos poníamos todos en la última fila y lo más que podíamos (y yo quería) hacer era darnos algún beso que venía a ser la emoción de la tarde si es que el chico me gustaba.

Estamos hablando de besos como juego que nunca llegaron a ser amor. ¿Cuándo tuvo su primer amor real?

Tuve un gran amor a los 15 años que fue un despertar ya no de ese amor juvenil y adolescente. Él tenía 24 años y mis padres nunca apoyaron esa relación que se basó en la poesía mutua, de cartas, de long-plays, de interminables llamadas telefónicas. Era una romántica empedernida que seguía los pasos de una familia muy bien constituida y con ejemplos que me daban fuerza para creer en ideales de amor y de familia que yo deseaba siempre preservar. Por eso era tan fuerte ante todo lo que me rodeaba y también me seducía y me apetecía porque nunca fui de fierro. Y por eso, aunque sufriendo, nunca me acosté con él. Yo llegué virgen al matrimonio. Luché mucho por esto. Yo terminé mis estudios de secundaria y él se fue a Estados Unidos.

Después de la secundaria, ¿qué estudió?

Secretariado bilingüe en una academia inglesa. Yo quería trabajar porque éramos cuatro hermanos y buscaba independencia económica y poder comprarme un carro pagado por mí. Trabajé en Backus y Johnston del Perú y luego en Ernic (compra-venta de carros) como secretaria del gerente general. Me compré un Cooper Mini Minor. Luego trabajé en el Diario La Prensa conociendo a Pedro Beltrán, que era un gran hombre. Recuerdo que él se iba al Cream Rica del Jirón de la Unión y me traía helados. Ahí empezó mi afición por escribir y por la literatura, tenía 19 años. Inmediatamente después vinieron los organizadores del Concurso Miss Perú, visitaron a mi padre y le pidieron permiso (porque no tenía la mayoría de edad) para participar en él. Año 65. Gané. Luego me presenté para Miss Universo en Miami y no gané aunque estuve entre las finalistas. Viajé por todos los departamentos del Perú haciendo obras sociales como desfiles de modas, etc. A esa edad, 20 años, conocí al padre de mis dos hijos (Ricardo y Frieda Ximena).

¿Qué le gustó de él?

Era guapo, educadísimo (su padre había sido embajador del Perú en Inglaterra durante 25 años). Era Sir y su mujer Lady, condecorados por la Reina Isabel de Inglaterra. Y por mi suegra es que yo entro en el mundo de la etiqueta. Me casé en Inglaterra después de pedirle él la mano a mi padre por teléfono, enviándole un telegrama por la petición. Me casé por amor sola, alquilando mi vestido de novia en Londres. Vivimos en Londres varios meses y vinimos al Perú porque su padre tenía una fábrica de discos, IEMPSA, y mi marido tenía que hacerse cargo del negocio. Me embaracé.

"Por mi suegra es que yo entro en el mundo de la etiqueta"

Usted era virgen. ¿Empleó la idea de cabeza y corazón en su matrimonio?

¿A qué se refiere?

Para que un amor sea perfecto hay que unir tres cosas: cabeza, corazón y sexo. Si no se unen algo falta. Si solo pone cabeza es un amor materialista. Si solo pone corazón es el amor de Romeo y Julieta, puro, romántico, maravilloso, utópico e irrealizable. Si solo pone sexo no vale nada, no es amor. Si pone cabeza y corazón sin sexo no funciona. Si pone cabeza y sexo sin corazón no hay amor. Y si pone sexo y corazón sin cabeza atravesará dificultades aunque sea un amor maravilloso.

Yo al sexo por el sexo lo odio. Creo que en las relaciones actuales, modernas, hay mucha carencia de emociones, romanticismo y sensibilidad. Todo es demasiado rápido. El amor es algo tan, pero tan sublime y entrañable que solamente se entiende, si hay sexo, con mucho corazón. El verdadero sexo es hacer el amor con amor. El corazón ha mandado en mi vida. Y cuando me casé reuní las tres cosas, cabeza, corazón y sexo, por primera vez bien atadas. Mi corazón vibró de confianza y de realización como mujer. Estuve siete años casada.

¿Se divorció?

Sí. Yo tenía 32 años.

¿Por qué?

No me pregunte el porqué.

Teníamos un pacto. ¿Le molesta hablar de esto por sus hijos?

Mis hijos saben. Hablar de esto me hace daño. Él sacó los pies del plato. Basta, por favor.

¿Y qué hizo después?

Comencé a trabajar y no he parado hasta ahora. Me gusta trabajar, escribir, nadar, escuchar música y me gusta bailar pegado aunque hace tiempo que no lo hago.

Usted se divorció a los 32 años. Tiene 65. ¿Cómo ha podido pasar la segunda mitad de su vida sin amor?

He tenido amores significativos que no han llegado a cristalizar en matrimonio.

¿Y por qué no cristalizaron?

Unas veces por machismo, otras porque no aceptaban las condiciones de mi libertad ni mi vida profesional o la total dedicación a mis hijos. Me encontré sola ante muchas responsabilidades y sueños por cumplir y esto era muy fuerte para mí. Además a los 38 años me llegó la menopausia, a edad temprana, cosa venida de familia como mi desarrollo corporal muy adelantado en mi adolescencia. Por serle absolutamente sincera le diré que tuve una relación importantísima hace bastante tiempo y de la cual no puedo decirle más porque es un hombre demasiado público y conocido. ¿Me comprende? Me inundé de trabajo. Monté mi Centro de Desarrollo Integral Frieda Holler en la calle Jorge Basadre, en San Isidro. Escribí libros en los cuales, aparte de "Un ángel en mi vida" y de "El susurro de los Angeles", tres trataron sobre "El dedo meñique", alcanzando un éxito editorial tremendo. Hablan de las mil y una formas de tener buen gusto sin caer en la ridiculez y de la imagen, protocolo y buenas maneras para el éxito profesional.

¿De dónde sale ese dedo meñique que la ha hecho famosa?

Yo nunca quise hacer un manual de etiqueta denso y aburrido, sino un libro práctico y ameno, porque me di cuenta de que mucha gente en general del Perú no tenía educación ni buenos modales sociales.

Se va a molestar con usted la pituquería.

Es muy probable. Dentro de esta gama hay gente muy bien educada y estos generalmente son los que tienen familias muy tradicionales, de abolengo y de defensa de valores, no de los que han ganado el dinero ayer. No siempre el dinero significa educación.

Autodefínase.

¿Qué puedo decirle que no le haya dicho ya? Soy optimista, entusiasta, trabajadora y luchadora, y eso me ha hecho ser una madre y abuela feliz, de tres nietas maravillosas que son otro tipo de amores que le han dado a mi vida plenitud. Soy creyente en los ángeles, los mensajes de Dios. Tengo muchos amigos y amigas y el afecto y respeto de mucha gente que ha leído mis libros y columnas periodísticas, cientos de miles y creo que soy muy solidaria con los más necesitados, ya que a esos efectos tengo desde hacen cinco años una Asociación Civil no Gubernamental, sin fines de lucro, llamada "Ángeles Peruanos", y creada para brindar apoyo a las comunidades de menores recursos. Atendemos a 70 niños de familias en extrema pobreza en Pachacútec (Ventanilla).

Es usted una gran mujer y todavía está de buen ver. ¿Ha tirado ya la toalla con respecto al amor?

No. Jamás la tiraré. Sigo esperando, porque tengo en mi corazón capacidad de amar intensamente. Eso lo llevo dentro.

 

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