El arte de las buenas maneras. El camino más sencillo. Hacer fácil lo difícil.

Pensar en el protocolo como en algo oficial, rígido y un poco anticuado es en alguna medida acertado, pero sólo hasta cierto punto.

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El camino más sencillo.

¿Por qué complicarnos las cosas cuando podemos optar por un camino más sencillo? Muchas veces por decisión propia, pero quizá la mayoría de ellas por desconocimiento. En este sentido, conocer aunque sea de pasada unas mínimas normas de protocolo podría sacarnos de más de un apuro.

El diccionario de la Real Academia define el protocolo como - la regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre -. Es decir, simple y llanamente, el arte de hacer bien las cosas siguiendo unas mínimas pautas o normas establecidas.

Pensar en el protocolo como en algo oficial, rígido y un poco anticuado es en alguna medida acertado, pero sólo hasta cierto punto. El protocolo afecta a más ámbitos sociales de los que podamos pensar en un principio, desde saber estar en un determinado acto social hasta escribir una carta, saber cómo comportarse en una cultura diferente a la nuestra o saber hablar bien en público.

El protocolo está muy relacionado con la educación y las buenas maneras. Por ello, es normal que empezara a cobrar una gran importancia con la aparición de la Corte. Era crucial para la nobleza saber comportarse ante el Rey, demostrando así su rango social y distinguiéndose del pueblo llano.

Esas costumbres han ido evolucionando hasta llegar hasta nuestros días, y se han adaptado al siglo XXI. Es decir, que aunque lo de las reverencias parece pasado de moda, la educación nunca está de más. Además, muchas puertas se abren simplemente con seguir unas determinadas claves sociales. Eso sí, evitando siempre caer en la pedantería. Ya lo decía William Shakespeare hace cinco siglos: "Más batallas se han ganado con la sonrisa que con la espada".

Tratamientos.

FAMILIA REAL.

No es sencillo conocer los tratamientos con los que hay que referirse a las personalidades más o menos ilustres. Cada cargo requiere un apelativo especial, y en más de una ocasión se confunden. En el caso de los Reyes, el protocolo dicta que para referirse a ellos se debe emplear el tratamiento de Majestad, Su Majestad (abreviado S.M.) o Señoría. Para los príncipes, princesas y otros miembros de la realeza, en cambio, se ha de emplear el tratamiento de Su Alteza Real (S.A.R.).

EL PAPA.

Los miembros de la Iglesia también ostentan unos cargos que requieren de un tratamiento especial a la hora de dirigirse a ellos. El Papa recibe el tratamiento de Su Santidad, Santísimo Padre, Beatísimo Padre, Sumo Pontífice o Santo Padre, entre otros. Por otro lado, para dirigirse a un cardenal hay que emplear el tratamiento de Eminencia, para un arzobispo, el de Excelentísimo o Reverendísimo Señor, y para un obispo, el de Ilustrísimo Señor.

EXCELENTISIMO.

Es uno de los tratamientos más empleados. Se debe usar cuando nos dirijamos al presidente y vicepresidente del Gobierno, ministros, subsecretarios de Ministerios, director general de la Guardia Civil, etc.

Internet.

Normas para moverse por la red.

La mejor prueba de que el protocolo no está pasado de moda es el hecho de que hasta un mundo tan moderno como el de Internet ha creado sus propias normas protocolarias. Así, se ha ideado la Netetiqueta o Redetiqueta, que engloba el conjunto de reglas que conviene seguir cuando uno se mueve por Internet. El objetivo es facilitar el intercambio y emplear correctamente este medio de comunicación.

La Red es un medio universal, por lo que todos debemos contribuir a su buen funcionamiento. Existen códigos de conducta que se dejan ver en la manera de escribir (por ejemplo, si escribes en mayúsculas, significa que estás gritando). A la hora de firmar un e-mail, es conveniente que éste no tenga más de cuatro líneas, y el mensaje no debe tener elementos que no digan nada, porque ocupan un volumen precioso. Ser educado cibernéticamente hablando no cuesta nada.

Saludos peculiares.

A primera vista, parece que una cosa tan aparentemente simple como el saludo no entrañaría demasiadas complicaciones desde el punto de vista del protocolo. Nada más lejos de la realidad. Incluso se ha fijado un Día Internacional del Saludo (el 21 de noviembre) para conmemorar un arte tan especial como el de decirle hola a alguien.

Cada cultura se rige por sus propias normas, y saltárselas puede suponer en más de una ocasión algún quebradero de cabeza. Por ejemplo, no está de más saber que los hombres rusos se saludan dándose un beso, cuando esa práctica, en Occidente, sólo se emplea entre mujeres. Curiosos también son los saludos que se profesan los esquimales, juntando sus narices.

 

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