Origen de la correspondencia y la escritura. VI

La escritura es el maravilloso arte que da color y cuerpo a los pensamientos.

Arte de escribir pot reglas y con muestras. 1798.

 

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Origen de la correspondencia y la escritura.

El segundo modo de escribir que tuvieron los Romanos, y primero entre los veloces, fue el de las Notas, inventadas por el Liberto de Cicerón, como acabamos de decir. Este género de escritura consistía en unos signos o señales de facilísima ejecución, cuyo significado era de gran valor. Se escribía con ellas tan fácil y brevemente, que por muy apriesa que hablase el Causídico o Abogado, no podia dar a veces materia suficiente al Notario (nombre originado de este género de escritura) para que escribiese cuanto podía en los pugilares o tablillas enceradas.

Las sidas, siglas o síngulas, que así llamaban por ser verdaderamente un modo singular de escribir, fue el tercero de que usaron los Romanos; se reducía a poner solamente la primera letra de cada voz o palabra, separadas con un punto, como v.gr. - por ejemplo-, Q.T.D.F.B. "Qui timet Deum, faciet bona". Q.C.E.J.A.I. "Qui continens est justitue, apprehendet Mam". N.D.I.E.I. "Non demoreris in errore impiorum", y así a este tenor. Este tercer modo de escribir que usaron los Romanos se originó de no haberse perfeccionado todavía el de las Notas, y de lo mucho que ocurría que hacer en el Senado. Para remediar en algún modo estos inconvenientes se convinieron los Secretarios en usar de este género de es critura en los nombres, apellidos, decretos públicos y otros monumentos , cuyo significado les era común. Mas se juntaron a estas síngulas públicas tantas otras inventadas por solo el capricho y gusto de los estudiosos, que, como prueba Jacobo Cujacio, llegó a la mayor confusión, y dio motivo a que se exterminasen totalmente por orden de Justiniano. Sin embargo, de los perjuicios que pudo acarrear este género de escritura por su arbitraria interpretación, tuvo la ventaja de mantener los caracteres Romanos mayúsculos, de que se servían para ella, y que tal vez no hubieran llegado hasta nosotros si el arte de escribir por Notas se hubiera perfeccionado y mantenido constantemente entre los Romanos. Baste lo dicho acerca de sus diferentes modos de escribir, y sigamos hablando de la invención de la escritura.

El historiador Josefo nos hace ver en el capítulo 3. de su primer libro de las "Antigüedades judaicas" que el modo de escribir por símbolos y figuras de animales estaba en uso antes del Diluvio. Veamos en sustancia lo que nos dice de las columnas de Seth, como una tradición antigua y constante.

"Seth se entregó muy de veras a la virtud; los hijos que dejó fueron semejantes a él, y permanecieron en su país, donde vivieron felizmente y en una perfecta unión. A su talento y trabajo se debe la ciencia de la Astronomía; y como sabían por Adán que perecería el Mundo por el agua y el fuego, temiendo que se perdiese esta ciencia antes que los hombres la aprendiesen, se resolvieron a erigir dos columnas, una de ladrillo y otra de piedra, en las que grabaron los conocimientos que habían adquirido, a fin de que si un diluvio arruinaba la columna de ladrillo, permaneciese la de piedra para conservar a la posteridad la memoria de lo que habían escrito".

Verificóse su intento, porque se asegura que esta columna de piedra se ve aun en el día en el país de Seriad; esto es, en un Cantón que, según nota Vossio, llama la Escritura Sehirat, cerca de Galgal, en el territorio de Jerichó.

Puede suceder muy bien que los primeros hombres escribiesen en caracteres geroglíjicos las memorias de que Moisés, que era tan instruido en todas las ciencias de los Egipcios (act. VII. 22.) y por consiguiente en el arte de leer su escritura, hubiese podido hacer uso para componer, como asegura Filón, la historia del Mundo. Pero es menester confesar, que Moisés que en el Génesis refiere sucesos que acontecieron cerca de 2.500 años antes (según la cronología más corta, que es la que tomó Userio del original hebreo), lo hiciese mediante el conocimiento que había adquirido de sus mayores, quienes fueron sucesivamente testigos de ellos. También es necesario convenir en que el Legislador de los Judíos fue iluminado por Dios de un modo muy particular acerca de la elección de los hechos que conservaba de sus mayores, y de las circunstancias de ellos, y que este es el fundamento de la fe sobrehumana que debemos a la historia que nos ha dejado. Los Judíos y Samaritanos están de acuerdo con los cristianos sobre este particular.

Dos medios hay por donde pueden haber sido transmitidos los hechos a Moisés, o por una tradición puramente oral, y de boca en boca, o por una tradición escrita, como son las relaciones o memorias. Si atendemos a la lengua viva de los Patriarcas, no es dificultoso creer que esta tradición oral se verificase en un corto número de personas desde Adán hasta Moisés, porque como nota muy bien Pascal en sus "Pensamientos", "Sem, que conoció a Lamech, que vio a Adán, alcanzó por lo menos a Abraham, que conoció a Jacob, que vio a los que conocieron a Moisés".

Este primer medio, que es excelente para los principales asuntos de los grandes acontecimientos y hechos maravillosos, no puede ocupar el mismo lugar, ni tener igual fuerza para los que son accesorios y de poca consideración. El número de personas por donde pudieron llegar de unos en otros hasta Moisés era menester que fuese más corto, porque es dificultosísimo persuadirse que en una tradición tantas veces repetida se pudiera conservar el por menor de los hechos menos abultados. Por ejemplo, ¿cómo era posible acordarse exactamente de la descripción typográfica del Paraíso terrenal; del nombre de los cuatro ríos que le bañaban; del de las curiosidades naturales del país por donde pasaban; de la edad de cada Patriarca, del tiempo en que murieron; del orden de su genealogía, y de los nombres de sus descendientes; del de los Reyes que hicieron la guerra a los de Pentapolís, y cómo fueron vencidos por Abraham? En una palabra, ¿cómo es posible acordarse clara y distintamente de otros muchos hechos semejantes, referidos circunstanciadamente en el Génesis, con una multitud de nombres poco a propósito para conservarse si no hubieran sido confiados más que a la memoria de los que lo referían? Esta es la razón por que Le Clerc y Richard Simmon han creído que Moisés tuvo cuando escribió el Génesis el socorro de algunas antiguas memorias que le sirvieron de norte para puntualizar las circunstancias, datas y orden cronológico de los acontecimientos que refiere del mismo modo que en el por menor de las genealogías.

 

Nota

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