Reglas de cortesía y buenos modales para las niñas. VIII.

Reglas sencillas de cortesía, de buenos modales y de instrucción para las niñas.

Reglas sencillas de cortesía, de buenos modales y de instrucción para las niñas.

 

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Reglas de cortesía y buenos modales para las niñas.

89. ¿Qué producirá en ellas una educación de puro ornato?

Además una educación de mero ornato es una educación defectuosa. La mujer así educada no sabrá la dirección ni la economía de una casa; será una mujer de salón, inclinada a la holganza y a la ociosidad, madre de todos los vicios y propensa al fastidio que suele ser el tormento de los ricos.

90. ¿Qué decís de la imitación de la naturaleza?

Entre los objetos de instrucción de puro adorno, muy compatible con las modestas fortunas, la imitación de la naturaleza ocupa un lugar principal, y sienta muy bien en las niñas, cuya fresca y penetrante imaginación se presta con tanta facilidad a todo lo lindo y lo hermoso. Las flores, los paisajes, los colores, el lápiz y el pincel, ¿qué más grata ocupación para una niña en las horas de solaz y de recreo? La cera, la seda y el papel se transforman entre sus tiernas manos en bellas y magníficas guirnaldas, en jarros, canastillos y grupos graciosísimos.

91. ¿Cuándo resaltará más la habilidad de la niña?

Cuanto más indócil es el material, más resalta la habilidad de la artífice. El mar presta también sus caprichosos despojos a la destreza de las niñas, y la concha, el caracol, la pechina, el coral, el marisco, combinado con primor e inteligencia por dedos delicados, remendan las lindas flores y los frutos de la tierra.

92. ¿Qué hay que advertir acerca de la labor del bordado?

Más análoga es todavía a la ocupación de una niña la labor del bordado. La aguja sirve de pincel para los bellos paisajes; el claro oscuro, la combinación de colores, tintes y medios tintes de la seda imita las bellas perspectivas de la naturaleza y del arte; y en cuadros primorosos se ostentan con los vivos esmaltes de la seda las diferencias imperceptibles del verde azul con que se engalanan los campos y los árboles, los matices variados de las flores, y hasta los brillantes ropajes de oro y púrpura, el azulado celeste, las nubes plateadas o rojizas, el pálido resplandor de la luna y las rosas de la aurora.

93. ¿Son propias para las niñas el dibujo y la pintura?

El dibujo y la pintura, como artes de bella imitación, son muy propios para ejercitar el vivaz ingenio de las niñas. Después del rasgo caligráfico con que se embellece la escritura en variados caracteres, nada más seductor que delinear sobre el papel o la tela los perfiles y contornos de los objetos cuya hermosura nos encanta y embelesa.

94. ¿Qué objetos deben proponerse estas dos artes?

Pero estos objetos han de ser inocentes, han de ser tan puros como el corazón de la niña. Ejercite su gusto en imitar el risueño reino de los vegetales; nazcan las rosas y los lirios bajo su pincel, y adiéstrese para formar de las frutas, hojas y arbustos los graciosos arabescos, orlas y dibujos con que adorna sus vestidos.

95. ¿Y la música?

La música es para las niñas el mayor lujo de la educación. Nada más dulce, nada más embelesante que la voz modulada por el canto salida de los tiernos labios de una niña; nada más grato y atractivo que los suspiros arrancados por sus tiernas manos al instrumento cuyas cuerdas o techo hace vibrar. Pero sin ánimo de menguar el interés de este arte casi divino, que tan al vivo hiere las fibras más delicadas del corazón, y dejando el mundo mágico de las ilusiones para descender al de la realidad, diremos que en lo general el canto y la música han de reservarse para fortunas más que medianas, pues de lo contrario hay peligro de sacrificar ventajas reales a la embriaguez efímera del aplauso y de la vanidad.

96. ¿Qué diferencia se nota entre la música y las demás bellas artes?

Los productos de la destreza y del talento en las otras artes y labores no envanecen tanto a la niña como los aplausos de un salón, que rodean el corazón de la mujer de una aureola de gloria. Para entregarse después a los quehaceres domésticos hay que renunciar a ese ambiente de placer que embriaga, y salvas algunas excepciones honoríficas, suele ser harto doloroso el sacrificio.

97. ¿Cómo juzgáis imparcialmente sobre la equitación?

Por más que el gran tono haya sancionado la equitación en las mujeres como un complemento de educación esmerada, y como parte principal de sus ejercicios, y por más que la costumbre los vaya generalizando, la naturaleza y el buen sentido, contra los cuales nada pueden las modas ni el espíritu de innovación, si la admiten como enseñanza útil para casos dados, no pueden aprobarla como ejercicio ordinario, pues ni es propio del sexo, ni está conforme con sus necesidades, antes bien puede ser muy perjudicial a las condiciones de su delicado, organismo.

98. ¿Qué estudios son los más propios para las niñas?

Como escribimos para el común de las niñas, y no para aquellas excepciones notables en quienes se despliega ya desde luego una vasta y penetrante inteligencia, diremos que la ilustración de una niña podrá limitarse a los elementos de la Religión, bien entendidos, a la lectura, escritura y aritmética, según sus respectivas capacidades. Algunas nociones de geografía, de historia sagrada y del país serán para todas un adorno, para algunas una necesidad. La física y la historia natural tampoco pueden negarse a las que tengan o manifiesten una inclinación particular a esta clase de conocimientos.

99. ¿Y en cuánto a las poesía y las ciencias?

En cuanto a la poesía, si se nace con el don de la inspiración, inútil será el contrariar a la naturaleza. Lo propio podemos decir de las ciencias metafísicas y exactas. A ninguna de ellas excluye la capacidad intelectual de la mujer. Pero como lo que más debe descollar en ella son las dotes del corazón, y por ellas está destinada a ser la compañera, la ayuda y el embeleso del hombre, una mujer inspirada, o la mujer filósofa, será siempre un fenómeno raro, admirable, pero no siempre el más plausible, y para estas no escribimos.

100. ¿Qué regla tendrá la niña para la lectura?

En la lectura (ejercicio que le recomendamos ) prefiera siempre lo necesario y lo útil a lo puramente deleitable. No condenamos enteramente la novela, porque algunas hay que instruyen deleitando, pero sea con previa elección de sus padres o maestras, pues sin ella podría serle fatal. La historia (y las hay muy agradables) ocupará con más provecho sus ratos de vicio. Hay también libros de moral escritos con gusto y atractivo. Acostúmbrese a buscar la hermosura de la verdad más bien que la hermosura del engaño. Nada más insoportable que la frivolidad de una niña alimentada solo de novelas, por buenas que sean.

 

Nota

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