Estola, insignia litúrgica mayor

Es una faja de tela de hasta tres metros de larga por casi un decímetro de ancha usada por el obispo, el sacerdote y el diácono en determinados actos del culto

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Insignias litúrgicas. Insignias litúrgicas. Protocolo religioso y eclesiástico foto base serghei_topor - Pixabay

Estola, insignia litúrgica mayor

La estola. Protocolo eclesiástico

Es una faja de tela de hasta tres metros de larga por casi un decímetro de ancha usada por el obispo, el sacerdote y el diácono en determinados actos del culto.

El origen de la estola es difícil de conocer, pues los datos conocidos dan lugar a confusiones en la etimología, uso, aplicación, etc. Según la teoría de Wilpert, que parece la más lógica y consistente, atribuimos un origen distinto a la estola diaconal de la que usan el presbítero y el obispo. La procedencia de ambas es de tipo práctico.

El diácono -clérigo católico que ha recibido la segunda de las órdenes mayores- tiene, además de la función pastoral por la que fue instituido (Actos - Hechos de los Apóstoles 6,1-6), la misión de servir al altar en las funciones litúrgicas; en consecuencia, y a imitación de los banquetes de la vida civil, llevaba un paño en el hombro o brazo. El tiempo y la restricción de sus funciones redujo el lienzo a una franja puramente decorativa.

Por su parte, la estola episcopal y presbiteral proviene de una prenda propia, sobre todo, de las personas de superior dignidad, y que era una especie de corbata o bufanda con la finalidad de preservar el cuello y la boca y, en definitiva, objeto de adorno.

La iglesia griega que conservó mejor sus tradiciones da nombres diversos a la estola del diácono y a la del obispo y presbítero: orarion (de oro, custodio) y epitrajelion (sobre el cuello), respectivamente.

El diácono la llevaba sobre el hombro izquierdo dejándola caer verticalmente sobre el pecho y la espalda; los sacerdotes y obispos alrededor del cuello: ambos usos confirman la hipótesis aducida, y lo mismo el hecho de que la estola del diácono fuera blanca. La semejanza de forma determinó luego un mismo nombre para ambas insignias: orarium, posible latinización de la palabra griega, a partir de su función protectora (latín os, boca).

La primera prescripción canónica la encontramos en el Concilio de Laodicea (siglo IV) que restringe el uso del orarium a diáconos, sacerdotes y obispos. Poco después es conocido ya en España y en las Galias donde se le da (siglo VI), por primera vez, el nombre de estola y cuya introducción se debe a un texto de la Vulgata (Eclesiástico 15,5) que dice: "En medio de la Iglesia abrió sus labios y el Señor... le vistió con estola de gloria", y que se aplicaba al diácono por su oficio de predicación.

Durante bastante tiempo conviven las dos denominaciones hasta que en el siglo XII se impone el término de estola. Es natural que así fuera, puesto que para esta época la estola ha abandonado su sencillez primitiva, color blanco, sin ornamentación, y ha ido enriqueciéndose, de modo que se ve en ella un ornamento precioso, reducción de la estola, romana, que era prenda de categoría. Distintos concilios, provinciales limitan su uso (por ejemplo, el Concilio IV de Toledo prohíbe llevar dos). En Roma su introducción es tardía, aunque ya en el siglo X era distintivo de las tres órdenes mayores.

Las prescripciones litúrgicas señalan distinta forma de llevar la estola para las tres órdenes. Los diáconos, según antiquísima tradición, la llevan sobre el hombro izquierdo, pero, a partir del siglo XV, la cruzan sobre el pecho uniendo ambos extremos bajo el brazo derecho. Por su parte, los sacerdotes y obispos siempre la llevaron colgada del cuello, según la etimología griega, pero los sacerdotes la cruzan sobre el pecho a partir del siglo VII y los obispos dejan caer los dos extremos paralelos por razón del pectoral. La estola está prescrita en la colación de los sacramentos y siempre que el ministro sagrado entra en relación con la Eucaristía.

El actual movimiento litúrgico ha realzado esta insignia, que se confecciona en materiales nobles. La estola del diácono, insignia de su oficio, es símbolo de sacrificio y generosidad en el servicio de la comunidad cristiana. En el sacerdote o presbítero, que la lleva cruzada, indica su asimilación con el Crucificado, y en el obispo, y también en el sacerdote, por llevarla sobre el cuello, es imagen del yugo leve y suave del Señor, y signo de la autoridad, poder y responsabilidad que asume el pastor de almas.

 

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